Fiesta de cumpleaños: menos mal que no era mi casa

Es mi cumpleaños

Hoy 2 de mayo es mi cumpleaños. No celebraré una fiesta como la del año 2004 en Southampton. Me quedaban días de contrato.

Desde enero ta sabía que no continuaría en la disciplina de The Saints. Nadie me iba a echar de menos, tampoco a la ciudad. Fue mi primera experiencia viviendo solo, y en otro país. Además, mi primera etapa como profesional en un equipo sénior.

La verdad es que tenía otras expectativas de lo que era pertenecer a la élite del fútbol. Había mamado la Premier league desde niño. La realidad no era tan glamurosa como esperaba; también es cierto que esperaba debutar. Nunca estuve cerca.

Me merecía una fiesta

A pesar de no llevarme un buen sabor de boca de mis 3 temporadas en el Southampton, me merecía un homenaje. No había hecho excesivos amigos en la ciudad. Algunos conocidos, y mi relación con los compañeros se acababa al pisar el parking del club tras la sesión.

Jacinto Elá

Aun así me tenía que despedir por todo lo alto. Por mi, y por los dos o tres amigos que hice. Pero una fiesta necesita más de tres personas. Podría hacer ido a un restaurante y cenar con ellos, pero eso no es gran cosa para un chico de 22 años con un sueldo de 5 mil pounds al mes.

No esperaba una fiesta sorpresa por parte de nadie. Tampoco me gustan.

Aprovechando que mi cuñado vino para ayudarme con la enorme mudanza (todo cupo en mi Saab 9-3), decidimos hacer la fiesta.

Necesitamos gente

Solo éramos ocho asistentes confirmados: mi cuñado, un amigo, dos conocidos/amigos, un dj/amigo, dos compañeros de equipo. Por aquel entonces no existía Facebook y solo tenía el correo electrónico de gente de Barcelona, no era fácil contactar con grandes masas. Dejamos el asunto de los invitados para mas adelante y llenamos la nevera, que era lo más fácil.

Salimos del supermercado con cantidades ingentes de bebida y snacks. No sabíamos cuánta gente iba a venir, pero sí que los que vinieran no se iban a ir secos. El carro parecía el del dueño de un bar de barrio.

Recorríamos los pasillos, mi cuñado, mi amigo y yo, con la ilusión de hacer la mejor fiesta de la ciudad. Mejor que todas aquellas en las que no nos habían invitado. A las únicas que había ido era a las de estudiantes, y esas no valían nada. Estudiaban tanto que cualquier salida de las aulas les parecía una fiesta.

Reclutamiento de gente

Fue más fácil de lo que creíamos. Hicimos correr la voz entre los conocidos y ellos se encargaron de buscar gente -no personas, gente-. En ningún momento pudimos saber con cuánta gente íbamos a contar. No había lista previa ni estimaciones. Nos arriesgamos a tener que bebernos todas las botellas de Jack Daniels y Vk Orange entre 10. Lo que hicimos fue salir como cada sábado y a los que nos sonaban de vista decirles que celebraba mi cumple. Entre baile y baile escogimos a nuestros invitados. A parte de coger el reservado en un club y pasarlo en grande, nuestra misión era conseguir unas 15 personas más. Lo conseguimos; en el privado éramos unas 12 personas… ¡Y yo no pagué todo!

La fiesta

Los que estuvimos en el reservado del club fuimos los primeros en llegar a la casa de Agustín Delgado, mi amigo y compañero. Él no estaba, pero nos dejó su piso para la fiesta . El Dj montó los platos y pinchó con mis CD’s. Flipaba poniendo temas de Arianna Puello con Jotamayúscula.

Cerramos todas las habitaciones, solo dejamos disponibles el lavabo y el salón. Mi cuñado se encargaba de controlar la cocina. No salía una sola la bebida de más sin su permiso. A eso de las 2 empezó a llevar gente que no conocíamos de nada: la fiesta empezaba. Solo recuerdo que acabamos dando volteretas en el tapiz. Invitamos al vecino para que no llamase a la policía. Mi cuñado cazó a un par saliendo con una botella de Jack Daniels bajo el brazo. La cosa no fue a más.

Hubo algún momento de subidon que me asustó. Pero me relajaba diciéndome: “menos mal que no es mi casa” Aparecieron grupitos mixtos que hasta que no pasaban unos minutos no sabía si estaban en la sintonía de la fiesta. Por suerte todos eran conocidos de conocidos o amigos. Solo en el reservado del club me cantaron el cumpleaños feliz; en la casa pocos sabían de quién era el cumpleaños. De hecho, dudo que supieran que era un cumpleaños. La cuestión es que era una party, y en Southampton, cuando cerraban las discotecas a las 3, solo habían dos opciones: ir a una fiesta casera o ir a comer comida basura.

Cuando todos los extraños se fueron, la casa daba miedo. Si no llega a llega a ser por Stevo, el DJ, recoger hubiera sido un drama. Pero salió tan bien la fiesta que recoger fue menos duro que el primer día de cualquier pretemporada.

Vimos amanecer mientras el Stevo no dejó de poner música mientras nos asegurábamos de no haber sufrido hurtos. Recogimos y cada uno se fue a su casa. Todo había salido perfecto. Ninguna pelea, buena música y la mejor fiesta de la ciudad fue la nuestra esa noche.

No recuerdo nada más