“De Old Trafford al campo del Reus jajaja”

Durante la temporada 2002-2003 estuve cedido en el Hércules de Alicante procedente del Southampton. No estaba brillando tanto como hubiese deseado -aunque he visto un par de videos de esa época y no lo hacía nada mal-. Había sido decisión mía abandonar por un año la disciplina de los Saints, por lo que ya estaba preparado para dar un paso atrás en mi carrera que me sirviera de impulso. Tenía que demostrar al cuerpo técnico del Southampton que podían contar conmigo.

Las rutinas al volver a España eran diferentes a Inglaterra. En Inglaterra se hacía más vida en conjunto dentro de las instalaciones; desayunábamos juntos, comíamos juntos. Mientras que en España cada cual se iba con el neceser bajo el brazo al acabar la sesión. Me había acostumbrado a no tener que pensar en la comida al salir de las instalaciones, pero por otro lado era más libre. Pero en España se hacían más cenas de equipo.

Respecto a las instalaciones no había color, ya que el Southampton era club de la Premier League mientras que el Hércules estaba en segunda B. Ya contaba con ellos, yo solo quería jugar. Además me había forjado en campos de tierra y de césped artificial, no se me caían los anillos.

Pero en un partido contra el Reus, campo de césped natural impecable, durante el calentamiento un grupo de aficionados me reconoció por haber jugado en el Espanyol B. Me sentó bien porque a uno le gusta ser reconocido por lo bueno que ha hecho. Además estaba motivado porque jugar en Catalunya siempre me hacía ilusión.

Entonces  uno del grupo de aficionados del Reus que estaba junto a la vaya donde yo estaba estirando dijo en  voz alta, casi gritando para que le escuchen los que estaban a un radio de 40 metros: “De Old Trafford al campo del Reus jajaja”. Muchos de los que estaban en esa grada rieron como la gente que habla despectivamente de su propio barrio. No era tanto una ofensa hacía mí como para ellos mismos por no considerarse dignos de recibir jugadores que han estado en lugares tan importantes como Old Trafford. No me sentó mal, me apenó. Me apenó que ese pobre diablo creyera que yo había jugado en el campo del Manchester, ¡ojalá!

No le lleve la contraría, simplemente le miré con las cejas levantadas y una sonrisa. Por dentro suspiré y di gracias a que al menos jugaba de titular ese día. No quiero imaginar si ese tipo me llega a ver en el banquillo del campo del Reus.

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