Siempre Tuve El Arte de Perder Dinero

Un hombre de letras

En el año 2010 me matriculé en un academia para prepararme para pasar las PAU +25 (pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 años). Me había retirado del fútbol dos años antes, pero no era la primera vez que intentaba acceder a la universidad a través de esta vía. En mi etapa como jugador de La Fundación Logroñés dediqué una media de 20 horas semanales, pero por diversos motivos desistí.

Volver a tomar clases me devolvió los años que no había vivido como un chico normal. Me sentía bien escuchando y aprendiendo. Salir de trabajar para ir a clases era como, cuando iba al instituto, ir al patio: un alivio. Estaba estudiando porque me daba la gana. Si tres años antes me hubieran dicho que iba a trabajar en un colegio y después iba a estudiar en una academia con “adultos que no habían hecho los deberes”, le habría tomado por loco, ya que por aquel entonces me encontraba meditando si retirarme o no.

A final de curso, justo antes de hacer los exámenes, un especialista en orientación académica se reunió individualmente con cada uno de nosotros para guiarnos en la elección de la carrera a la que queríamos acceder. Analizando una pruebas escritas que nos realizaron, tuvo claro cuál debía ser mi camino. La prueba que orientó mi camino fue una que consistía en escribir durante 2 minutos el máximo número de palabras que empezaran por la letra “M”. Si no recuerdo mal, escribí unas 200. Estuve muy por encima de la media. “Sin dudas, tú eres de letras”.

No necesitaba que nadie me confirmara que soy de letras. Ya llevaba años escribiendo diariamente. Escribía canciones de rap que me ayudaban a evadirme y sentirme activo fuera del terreno de juego. Lo hacía en Alicante, en Southampton, en Escocia, en Vitoria, en Barcelona. Ni una sola de mis letras hablaba de ganar más dinero.

¿A qué viene todo esto? Viene porque siempre he tenido una relación con el dinero un tanto improductiva porque soy claramente de letras. Aunque me gusta el dinero, no es el elemento principal a la hora de tomar decisiones. Cuando me fui del RCD Espanyol al Southampton FC, 19, fueron muchos los que dijeron que me fui por dinero. Estaban equivocados: me fui porque me ofrecieron tres años de contrato. Lo que para mí equivalía a confianza (luego no fue así).

El Arte de Perder Dinero en el Hércules

JACINTO ELÁ

Cuando fui al Hércules cedido por el Southampton, pasé de cobrar unas 80 mil libras brutas a ganar 54 mil euros brutos. Lo hice porque jugar era más importante que ganar dinero. Antepuse lo deportivo (espiritual) a lo económico. No digo que fuera un acierto o un error, pero mis valores no son negociables. A eso hay que sumarle la cantidad de problemas de cobros que tuvimos en la entidad Alicantina.

El Arte de Perder Dinero en el Southampton

JACINTO ELÁ

Después de una temporada cedido en el Hércules -dónde me rompí los ligamentos cruzados-, volví al Southampton. Era el mes de enero y llevaba meses recuperándome de la grave lesión. Había trabajado duro para estar bien. Un día se sentó conmigo el entrenador y me dijo que si me iba cinco meses antes de finalizar mi contrato, me pagaban un mes extra. Evidentemente que le dije que no porque no estaba dispuesto a marcharme recién recuperado, pero con falta de rodaje. No había trabajado duro para que me dieran la patada en el culo a la mínima oportunidad. Le dije se podía guardar dinero, a mí no se me compra por 5 mil euros extras.

El Arte de Perder Dinero en el Dundee FC

SEASON 2005/2006
DUNDEE
Jacinto Ela Eyene

En el Dundee FC tampoco utilicé más criterio que el emocional a la hora de decidir mi futuro en la entidad. Firmé un contrato de 2 años pero a los cinco meses me “invitaron”  a marcharme. A pesar de tener un contrato firmado, en lugar de quedarme allí mendigando que me quería quedar, llegué a un acuerdo e hice las maletas. ¿Qué sentido tenía quedarme en un sitio que no me gustaba porque me pagaban? ¿El dinero? Para meterme en un jaula de oro voluntariamente me tienen que pagar mucho dinero.

El Arte de Perder Dinero en La Gramenet

Años después me encontraba jugando en el Gavà de tercera división cobrando un muy buen sueldo. En enero La UDA Gramenet (2ªB) se puso en contacto conmigo a través del Gavà interesándose por mis servicios. Lo más cómodo para mí hubiera sido quedarme en Gavà cobrando un pastizal, pero me sedujo más la opción de volver a jugar en una categoría superior para volver a engancharme al mundo del fútbol profesional. Así que acepté marcharme a pesar de cobrar un 25% menos de lo que venía cobrando. No fue la mejor decisión, pero para mí todavía era más importante jugar que ganar dinero. Todavía me veía capaz de aspirar a algo más que la tercera división. Desde el primer instante tuvimos problemas para cobrar.

Si hubiera sido amante de los números, hay decisiones que habría tomado de otra manera, pero mi afinidad a las letras me convierte en un “romántico” que lleva años dejándose llevar por el corazón en lugar de hacerlo por la cabeza. Incluso me habría venido bien seguir algún método de ahorro más efectivo de los que utilizaba. Para compensar esta anomalía sentimental he escrito Fútbol B, un montón de letras por el módico precio de 10 euros que me hacen flotar en un mar de calderilla.