Carta abierta a Balotelli

Querido Mario,

llevo tiempo queriendo escribirte, pero no lo he hecho porque no encontraba el momento. Creo que he escrito algún artículo sobre ti, pero lo borré como cuando estás a punto de publicar un tweet y te arrepientes en el último segundo, “eliminar”.

La semana que quise escribirte una carta escuché las declaraciones de Riqui Puig y le di prioridad. Fue una locura. Todos los medios publicaron mi carta. Te debes estar riendo. Prioricé una queja por recibir patadas en lugar en lugar de una por recibir insultos racistas. Soy víctima de la magnificación del fútbol aunque trate de evitarlo.

Estoy seguro que esta carta no la leerán 20 mil personas como ocurrió con la de Riqui Puig.

Tienen más recorrido tus estúpidas gamberradas que tus enfrentamientos contra el racismo.

Tú mismo lo debes haber comprobado: tienen más recorrido tus estúpidas gamberradas que tus enfrentamientos contra el racismo. Aquí en España hemos llegado a parar un partido porque llamaron nazi a un jugador que simpatiza con el nazismo. Si encima te digo que es el primer partido que se para en la liga española por insultos, ¿cómo te quedas? Negro, deberías hacerte nazi.

Me caías un poco mal

Mucho dinero, mucha juventud

En tus inicios quedé cautivado por tu juego, tu determinación y tu descaro. Ver a un jugador negroafricano e italiano me hizo sentir empatía. Me veía identificado porque soy negroafricano y español (catalán y canario).

Creo que ambos sabemos qué significa hacerse un hueco en un mundo de blancos. En Italia hay mucho más fascista que en España, he leído como fue tu infancia. Hay equipos como la Lazio que dan verdadero asco, pero no son los únicos. Hacerte futbolista no debió de ser un camino de rosas a nivel social. Imagino que un niño negro con tu envergadura debía encender el demonio que muchos padres llevan dentro cuando se trata de competiciones deportivas.

Sé que con dos años tuviste una enfermedad intestinal grave y un tribunal de Brescia decidió que tus padres biológicos no podían hacerse cargo de ti. Un matrimonio italiano blanco te adoptó. Tus padres.

Sé que con 15 años debutaste en el primer equipo del Padova en tercera. Que fuiste ascendiendo en el fútbol, pero que al debutar en la selección sub 21 encontraste que una parte de la afición italiana no entendía que un hijo de ganeses pudiera ser italiano.

No debió ser fácil para ti encajar en Italia, no debió ser fácil para tus padres protegerte.

Llegaron los primeros cánticos racistas (aunque estoy seguro de que ya los habrías escuchado en forma de murmullos mucho antes en categorías inferiores). Por mi parte, mi paso por las categorías inferiores de la selección española fue una gozada. No sentí racismo en ningún momento; fui uno más y a veces me sentí muy importante.

Yo nací en Guinea Ecuatorial y he crecido con mi familia negra entre Fuerteventura y Barcelona.

Tú fuiste adoptado por una familia italiana que te ha dado todo lo que han podido para protegerte. Yo fui adoptado por Barcelona. El barrio de Sants es mi patria. Es mi patria a pesar de que tuvimos que convivir con los nazis de mierda a la vuelta de la esquina, siempre en la puerta del salón de máquinas recreativas.

Sé perfectamente cómo te sientes. Desde dentro del terreno de juego he escuchado insultos racistas. Pero en lugar de agachar la cabeza levantaba la barbilla, sacaba pecho y sonreía. No podía darles el placer de verme cabizbajo. Me habría gustado ser tan valiente como tú y pegar un pelotazo a la grada, pero jugaba en estadios tan pequeños que estaban tan cerca que les habría roto los dientes. Más problemas.

Hubo una época en la que eras protagonista de un sinfín de escándalos y excentricidades. Yo mismo fui crítico contigo. No entendía ese afán de dar la nota. Esta claro que todos tenemos nuestros motivos para comportarnos de cierta manera. Nada es porque sí.

Tu vida ha sido un cortocircuito para muchas personas: Negro, italiano, futbolista, familia con recursos, un alma libre. Todo lo contrario a lo que se espera de un negro en muchos países de Europa. Me atrevo a decir que el fútbol de élite provocó un alargamiento de la crisis que sufren los niños adoptados durante la adolescencia.


Los expertos consideran que este “malestar psíquico” surge también por el tema del nombre: si se les cambia o no o si se une al de origen otro nuevo, lo que al final a algunos les genera dudas sobre quiénes son realmente. Lo mismo sucede con el país de origen. Hay unos que se sienten del lugar donde viven, pero otros del que proceden. Actualmente existe la moda de que el niño conozca su origen, pero se pregunta Royo: “¿Es necesario en todos casos y beneficioso?, ¿cómo debe hacerse?”. Y añade: ¿Un niño africano debe conocer la pobreza del país mientras se encuentra alojado en un hotel de lujo? 

LA SOLEDAD DE LOS PADRES ADOPTIVOS

No estaba preparado para verte como cuadro completo, me fijaba en detalles, como todo el mundo. Creí que llegar al la élite era tu objetivo final, pero llevas reivindicándote toda la vida, la élite solo es una plataforma para dar visibilidad a tu lucha.

Ya lo dijo El loco Hernán Montenegro: “Los errores del deportista son más notorios porque la persona es notoria, y tiene los medios para serlo”

Tú talento, tu físico y el contexto te convirtieron en un producto antes de ser un referente. En la era de los memes se han contado muchas anécdotas y locuras relacionadas contigo. Algunas verdaderas, otras falsas, pero a la prensa le gusta crear mitos. Por eso un día, después de marcar un gol, sin abrir la boca gritaste: “Why always me?”

Aún así, me parecía exagerada la atención que te prestaban los medios. Evidentemente que buscaban tus fallos, y “tú no fallabas”. 😅

Para mí eres un jugador que marca golazos o penaltis. Pero pocos. Creo que tienes potencial para mucho más (aun así no te ha ido mal). Que mis expectativas no quiten valor a tu carrera, ya la quisiera yo.

Qué te hace único y auténtico

Tu lucha contra el racismo justifica cualquiera de tus excentricidades.

Cualquier personaje histórico admirado por todo el mundo tiene sombras y luces. Martín Luther King tuvo a su familia medio abandonada; Mahatma Gandhi fue racista y clasista en la juventud; y Juan Carlos no es tan campechano. El único ser perfecto es Lilian Thuram, mi estrella negra.

No puedo pedirte ejemplaridad cuando yo con menos también he cometido errores de bulto, aunque no me acerco a tu nivel de locura.

Esta semana has vuelto a hacer lo que muchos hemos deseado: pegarle un balonazo a los racistas, irte del campo y callarles la boca. A esta gente le quitas el fútbol y se pegan entre ellos. Por favor, cuando sientas insultos racistas no dudes en abandonar el terreno de juego, y si a tu presidente le molesta, tranquilo: se le cayó la máscara.

Tus compañeros te intentan parar, cuando en realidad tendrían que irse contigo. Les afecta el racismo pero no lo padecen. Podrías haber ignorado a los cuatro nazis y cargarte de rabia como hacemos la mayoría de futbolistas negros. Pero te volviste a rebelar.

Los rivales te buscan la cosquillas porque saben que eres de mecha corta y la opinión pública te va a señalar a ti en cualquier trifulca. Se aprovechan de tu fama para demostrar lo peor de ellos mismos. No puedes controlar lo que opinen los demás, simplemente quédate con el cariño que te tienen tus compañeros.

Haces bien. Estás demostrando a las nuevas generaciones que cualquier muestra racista será correspondida con un balonazo como mínimo.

Ayer estaba en el gimnasio y había dos chicos negros hijos de senegaleses. Debían tener unos 19 años. Eran enormes. Hablaban con acento 100% español. Habían nacido en España, son españoles.

Me acordé de ti.

Quise preguntarles: ¿Los racistas también se atreven con vosotros? Imagino que sí, porque el racismo se ejerce desde la cobardía.