Una semana en Watford con Ashley Young de chófer

Era la primera semana de Julio de 2005, había pasado un mes de mi desvinculación con el Deportivo Alavés (B) después de una temporada irregular. Fue la de mi vuelta a España después de finalizar un contrato de 3 años con el Southampton FC.

Mi paso por el club inglés fue testimonial debido a muchas factores. El fútbol es una cuestión de coincidencias, es suficiente con que unas pocas se alineen en la órbita de la diosa fortuna para que salga cara o cruz.

Fue una temporada rara porque empezamos muy bien, líderes invictos durante unos 13 partidos, pero una serie de acontecimientos destrozaron al equipo.

Era la época de Piterman, y a la prensa le gustaba la marcha tanto como a él.

Bueno, mi decisión era volver al Reino Unido, porque eran más profesionales que en España a la hora de respetar los sueldos.

Salió la posibilidad de hacer una prueba con el Watford -en la recámara tenía una prueba con el Dundee FC-.

La prueba difícil era con el club londinense. En 2005 el Watford estaba en la segunda división inglesa. Al final de esa temporada ascendieron a Premier League.

Yo tenía muchas esperanzas de quedarme ahí, antes de llegar a Londres ya fantaseaba con vivir en Londres y formar parte de un equipo potente de la First Division.

Llegué a la ciudad y “mi representante inglés” me recibió en el aeropuerto. Me dijo que habían muchas posibilidades de quedarme. Era la tercera vez que hacía pruebas en un equipo. El verano anterior estuve una semana en el Barcelona B, al cual llegué después de un mes de vacaciones sin apenas preparación, una pérdida de tiempo.

Al poco fui al Numancia; me bastó un día para no demostrar nada. Cuando se va a los sitios o se va bien preparado o no se va. Y yo no lo estaba.

En cada un de esas pruebas no perdí tiempo, pero sí prestigio y valor.

(Ese verano (2004) acabé en el Alavés)

En Watford tenía la posibilidad de demostrarme a mí mismo que las pruebas en fútbol valían para fichar por un equipo.

Estaba harto de ver cómo llegaban jugadores a probar a los equipos en los que yo jugaba y luego no los cogían.

Pero lo grave era que no les prestaban ni atención. Se trataba de compromisos entre representantes y clubes. No quería ser un objeto para cumplir compromisos.

Al llegar al Hotel Hilton agradecí que no me enviaran a un cuchitril de mala muerte… ¡esto es England, Jazz!

Sabía que estaba en el equipo el antiguo jugador del Oviedo y Racing, Sietes. Al ser amigo de mi representante nos presentó que también estaba en el hotel hospedado.

Nos reímos mucho, se notaba que necesitaba hablar con alguien en español. Se notaba que agradecía mi presencia o la de cualquier español en el equipo. Me contó algunos asuntos respecto al club y un sinfín de anécdotas.

También había un brasileño que se llamaba Junior, 29. Era alto, parecía medio marroquí mestizo y pelo rubio platino. Eso era lo que más destacaba de su físico. No era mal jugador pero no se quedó.

José Junior

Esa primera noche cenamos los tres en el hotel. Entre otras cosas, me enteré que Junior había estado en algunos equipos de UK como el Derby County y Walsall además de otros equipos en Brasil.

Al día siguiente Sietes se fue antes al entreno porque no iba a entrenar, llevaba más de 7 meses con problemas de abductores y necesitaba tratamiento.

A nosotros nos vino a buscar Jordan Stewart, un lateral izquierdo negro claro de 1’80m., fibradísmo, rapado y sin cejas, aunque no parecía un tipo nervioso… muy rollo Londres con su neceser de Louis Vuitton. Un chico super amable, era de mi edad (24) pero tenía la confianza y madurez que te da el haber jugado un montón de partidos en Premier y First Division.

Jordan Stewart
Jordan Stewart

Conducía un BMW que asombrosamente era de 5 plazas. Su aspecto exterior era tan deportivo que me daba miedo meterme en un pseudomaletero. Los neumáticos me llamaron la atención por lo delgados que eran, sin exagerar debían ser unos 3 dedos de grosor. Espectacular, podían encajar en la bici de Induráin y dar el pego. Hablamos en el coche de camino al entreno, sobretodo bromeamos, Junior era muy de la broma, era mayor que nosotros y hacía valer su veteranía en la conversación. A los 10 minutos se le pinchó una rueda al BMW. Bajamos y Jordan Stuart apretó el mando y se abrió el maletero.

No había rueda.

Se ve que la quitaba para tener más espacio. Brillante. Un coche de 50 mil libras sin rueda de repuesto.

Jordan mostró calma en todo momento.

Marcó un número y a los 5 minutos apareció un negro flaquito con otro cochazo que no recuerdo. También muy simpático. Llegó bromeando acerca del coche de su amigo Stuart. Nos metimos en su coche, música rap, y fuimos a entrenar.

¡Ah! Ese chico era Ashley Young que dos años después fue traspasado al Aston Villa y posteriormente al Manchester United.

Llegamos al entreno y me tocó afrontar la parte que más odio: parecer un paleto y dar la mano a todo el mundo sin memorizar un solo nombre.

Ashley Young

Salté al césped lo antes posible para evitar parecer un empanado que solo ríe a bromas fuera de mi alcance. Era pretemporada y corrimos bastante.

Después del palizón físico fuimos a comer.

Mi idea era sentarme con Junior para no estar marginado, pero me senté con cualquiera. Hablamos lo justo para no parecer un raro. Eché una cabezada de 20 minutos antes de prepararme para la segunda sesión.

Éramos cerca de 37 jugadores, en un principio trabajamos todos juntos, luego me mandaron con chavales de entre 16 y 19 años (yo 23). No me cuadraba.

Entrené con ellos, lo di todo, pero mi cabeza ya estaba pensando en llamar a mi representante para decirle que si la idea era entrenar con juveniles mejor no seguía con la prueba.

No sabía si volvíamos a casa con Ashley Young así que le pregunté a Junior y éste lo tenía muy claro: andando no se iba a ir. Ashley nos llevó y se ofreció a venir a buscarnos por la mañana, le cogía de paso.

Al día siguiente la historia fue la misma en el entreno y no recuerdo quien nos trajo al hotel. Lo único que recuerdo es que le dije Sietes y a Junior que no me despierten por la mañana, el tercer día yo no iba. Mi ego en ese momento era más grande que el hotel Hilton. Mi autoestima estaba más hundida que el metro de Londres.

Tenía billete de avión para el sábado (estábamos a miércoles) y no quería arriesgarme a nada. El hotel estaba pagado y lo disfruté.

En una semana vi la película Ray, Jamie Foxx, unas 5 veces porque era el único canal de pago activado gratis.

Veía la tv, comía, corría y paseaba por las inmediaciones del Hotel Hilton

No vi recuerdo encontrar nada espectacular en esos paseos. Estaba demasiado preocupado por mi presente y mi futuro. A la hora de cenar quedaba con los muchachos para no cenar solo.

Durante esos días estuve “entretenido” viendo por tv las consecuencias de los atentados de Londres el 7J.

Sin saber cuándo volvería a ingresar dinero no podía dejarlo ir.

Desde Barcelona mis conocidos se preocuparon por mí, pero ni tan siquiera se me había ocurrido ir a Londres durante mi estancia en Watford. No tenía contrato no dinero que gastar en banalidades. Sin saber cuándo volvería a ingresar dinero no podía dejarlo ir.

Nadie preguntó por mí en el training ground. Llegó el sábado y viajé a Escocia. Eso es otro capítulo a parte que ya contaré.

Postdata: Hoy entiendo por qué no me ficharon, Ashley Young había puesto el nivel muy alto a cualquier extremo derecho. Todo cuadra.