Preparénse para ganar por última vez

Siempre que necesito un respiro aprovecho para hacer limpieza en casa. Siguiendo los consejos de Marie Kondo en La Magia del Orden, me deshago de objetos que no me hacen feliz porque no los necesito. Desde ropa a libros, pasando por figuritas que no sé de dónde salen. Después de años sin noticias de ella, apareció la medalla que ganamos en la Copa del Rey juvenil del año 2001; mi último partido como jugador del RCD Espanyol después de 6 años. En ese momento se me ocurrió el siguiente texto.

Nunca me ha gustado coleccionar trofeos, medallas ni banderines. Ni tan siquiera me gustaba conservar los recortes de diarios en los que aparecía (por suerte mi madre si lo hizo). Siempre he tenido la sensación de que lo mejor está por venir, por eso trato de deshacerme de objetos que me hagan creer que ya lo he conseguido. Cada poco tiempo hago limpieza en mi armario, creo espacio porque sé que lo necesitaré para logros mayores. Me da la sensación de que vivo persiguiendo la zanahoria. Es una sensación que me gusta, es como no dejar de pedalear para no caer.

En infantiles ganamos la liga con el Espanyol sin perder un solo partido, empatando uno. 205 goles a favor y 6 en contra. Además de ganar la liga ganamos el campeonato del mundo organizado por Nike (Nike Premier Cup). Era maravilloso ganar tanto, pero también era difícil aprender algo a base de machacar a los rivales. La victoria carece de la pausa necesaria para reflexión, y más aún siendo niños.

A medida que subíamos categorías, los rivales nos plantaban más cara, pero seguían cayendo Campeonatos de Catalunya, Ligas de División de Honor, ascensos a segunda B… Además de torneos. En el Espanyol, debido al estatus, la obligación era ganar. Y afrontábamos el reto con naturalidad. Éramos auténticos pegadores.

Cuando se acaba la etapa en el fútbol base es cuando te das cuenta del mérito que tiene ganar cualquier trofeo. Incluso cualquier partido. Tenemos la estúpida certeza de creer que el siguiente partido lo vamos a ganar; por una cuestión de probabilidades tarde o temprano volveremos a ganar, pero ¿cuándo? ¿cuántos?

En mi etapa como jugador del Alavés B recuerdo que estuvimos cerca de 15 partidos sin perder. A pesar de los buenos resultados, no nos sentíamos imbatibles. Para ganar un partido sudábamos tinta. Nos acostumbramos a jugar al límite de nuestras fuerzas. Nadie bajaba los brazos, todos éramos útiles. Incluso ganábamos partidos que no merecíamos por tesón. Pero llegó un día en el que perdimos contra un rival de la parte baja de la tabla. 2 a 1. Hicimos un partido fabuloso. Entramos por bandas, por el centro, en corto, largo… Fue un auténtico festival de juego, Pero no acertamos a marcar los goles necesarios para llevarnos el partido. Perdimos felices.

En ese instante las victorias anteriores adquirieron mayor importancia. Incluso llegamos a creer que volveríamos a coger una racha tan importante como la que acababa de caer. Pero no volvió a ser así en toda la temporada. A partir de ahí todo fue mucho más irregular, acabamos tonteando con la parte media baja de la clasificación. Todo el año fue en vano.

Vuelvo a mirar más atrás todavía, y recuerdo el último trofeo que gané: La final de la Copa del Rey juvenil, Real Madrid 0 RCD Espanyol 2. Semanas después vendría el Europeo sub-18 con la selección Española en el que nos llevamos la medalla de bronce. Nos llevamos algo, pero eso no es ganar. Desde entonces no recuerdo haber ganado nada. Estaba acostumbrado a ganar, y no hacerlo era como comer salsa boloñesa sin carne. No celebré con excesiva efusividad la gran victoria en la Copa del Rey. Inconsciente y erróneamente supuse que vendrían victorias mayores. Pero no fue así. De haberlo sabido habría celebrado con menos cautela cada victoria a lo largo de mi carrera.

Ya sea en el fútbol o en la vida, deberíamos prepararnos para ganar por última vez. Clic para tuitear