Pedro Rodriguez me inspiró cuando ya estaba retirado

Cuando jugaba a fútbol buscaba jugadores de referencia en los que fijarme para evolucionar en mi juego. Nunca encontré el referente que más se asemejara a mi juego, pero me puse modelos muy alejados de mis cualidades físicas: Stoichkov, Weah, Figo y Henry. Todo esto en diferentes épocas.

Estas cosas perdían al búlgaro

El modelo Stoichkov cayó por su propio peso, iba por el mal camino en cuanto a comportamiento y solo tenía 12 años. Una vez Stoichkov, empezó a caer, me cautivó George Weah. Un señor dentro y fuera del campo, pero para ser como Weah era necesario poder dar zancadas kilómetros durante 50 o 60 metros. Para un recorrido en el que el necesitaba 30 pasos, yo necesitaba 90.

Después vino Figo, el del Barça, el capitán que abandonó el barco. Veía cada partido para ver imitar sus movimientos (sus regates,sus centros y su liderazgo en el campo). Cualquiera que me haya visto jugar debe pensar: no te parecías en nada. Por eso desistí. Yo era incapaz de hacer las bicicletas del portugués ya que mis regates se basaban en la explosividad más que en la habilidad.

El Dios

Cuando fui a Inglaterra, 2001, se acrecentó mi admiración por Thierry Henry. Compraba todos los partidos del Arsenal. Fue del jugador que pude aprender más cosas aunque eso solo se reflejó en mi juego durante mi primera temporada en el equipo reserva del Southampton. De todos modos habían cosas que eran más caracteríscas y únicas de un tipo alto y estilizado como el 14 francés. Pero el tiro al palo largo era para mí una válvula de escape. Por desgracia no jugué lo suficiente como para incorporarlo a mi repertorio de manera inconsciente.

Una vez retirado apareció mi querido Pedro Rodríguez -paisano canario- como uno de los descubrimientos de Guardiola.

Todos se alegran de los éxitos de Pedro

Pedro era una versión completa de lo que yo quise ser pero no supe cómo. Pedro no desarrolló cualidades de super estrella cuando fue fichado para el Barcelona en edad juvenil, pero los que le ficharon vieron un diamante en bruto que el obsesivo Guardiola acabó de pulir.

Desde el salón de mí casa observaba cómo el chicharrero de había convertido en el referente que siempre quise tener.

Pedro nació demasiado tarde para inspirarme.