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En segunda me enamoré del Espanyol

julio 2, 2020

Corría la temporada 1993-94 cuando descubrí que amaba al fútbol. Esa era mi segunda temporada jugando en un equipo de fútbol.

Tenía 11 años. El equipo era el Sector Sanfeliu (L’Hospitalet).

Era la última categoría del fútbol base, pero cada partido era como jugar la Copa de Europa.

Después de los partidos nos invitaban a un bocadillo de chistorra y Coca cola. Ese era el trofeo real para un niño que solo hacía un par de años que había llegado de Fuerteventura con su madre y sus hermanos a Barcelona.

Esa temporada el Espanyol estaba en segunda división. Nada me unía al Espanyol por aquel entonces. Ni nada hacía sospechar que 3 años después iba a levantar una copa del mundo con el infantil perico.

Imagino que, para rellenar las gradas, el club se alió con un montón de equipos permitiendo que con el carnet de jugador de nuestro club de barrio pudiéramos entrar a Sarrià.

Si jugaban el domingo a las 17h -algo muy habitual- íbamos en masa al estadio. Imagina a un grupo de siete u ocho niños de entre 10 y 13 años con sus bocadillos de camino a Sarrià.

No era una época fácil en Barcelona para los negros. Había cabezas rapadas en cada esquina que se crecían en grupo. El campo del Espanyol era uno de los puntos de concentración.

Nuestros amigos nos dejaban escoger -a mi hermano y a mí- el camino para evitar pasar por los bares más poblados de nazis. A pesar de ser niños, no era raro recibir comentarios despectivos de adolescentes con cabeza rapada y botas con punta de hierro.

Sin embargo, asistíamos religiosamente al templo sin ser pericos de cuna. Amábamos el fútbol.

Y nos enamoramos del Espanyol. De Arteaga, Toni Jiménez, Galiamin , Kuznetsov, Mino, Eloy Perez, Roberto Fresnedoso, Francisco, Lardín, Korneiev.

Después de llegar al estadio sorteando cabezas rapadas, nos uníamos a ellos y cantábamos:

“En el Gol Sur De Sarrià (En el Gol Sur De Sarrià) Las brigadas rugen ya (Las brigadas rugen ya) Animando al Espanyol (animando al Espanyol), A que marque el primer gol (A que marque el primer gol) Espanyol, Espanyol, Espanyol…”

En ese momento todos éramos uno.

Crecí creyendo que el Espanyol siempre ganaba . Era mágico. Nuestro mágico Espanyol. Ascendieron.

Era hipnótico cuando cantábamos “Ale Espanyol” durante minutos con las camisetas en la mano mientras todo el estadio ondeaba las banderas.

15 minutos antes del final, mi hermano y yo abandonábamos el estadio para evitar que la noche hiciera más grande las sombras ante un posible encuentro con un cabeza rapada.

No sabíamos si el peligro era real o solo precaución, pero no queríamos comprobarlo.

Para nosotros era el cielo, pero con el tiempo supe que ese año en segunda, para el espanyolismo era el infierno.

Al igual que recuerdo con cariño mi infancia. Para mi madre no debió ser tan idílica con 3 niños a los que alimentar con lo justo.

La niñez, por muy dura que fuese, siempre se recuerda con romanticismo.

En la temporada 1995-96 fiché por el Espanyol con 13 años y tuve el enorme honor de disputar un partido en Sarrià anés de ser derrumbado ese mismo año. Fui recogepelotas.

Y lo mejor fue que durante la temporada tuvimos a Francisco -capitán del primer equipo- entrenando con nosotros muchos martes.

6 años pasé en el RCD Espanyol, lo conocí en segunda y me enamoré. Si baja, no será el final. Todo lo contrario, será el principio, otra vez.

Mi hijo de 6 años dice que es del Espanyol… ¡sin haber visto un solo partido! 😂😂😂😬

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