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Descolgar los guantes (por Dani Castilla)

julio 30, 2019

Hubo un día, a principios de verano, cuando andábamos inmersos en el “mercatto de fichajes” propio de las categorías que se apellidan Catalana, acepté la petición de mi amigo Jacinto Elá de participar en un artículo para su página web.

⏹️Hace poco más de un año me decidí a dejar el fútbol porque me había vaciado.
⏹️ Ser entrenador de porteros me ayudó a permanecer en contacto con el fútbol.
⏹️ Eché de menos pertenecer a un grupo.

Al fin y al cabo, futbolísticamente hablando ambos hemos tenido un cierto paralelismo en nuestras vidas. Veréis, él fue un exitoso futbolista para posteriormente descubrir el éxito mediante la publicación de su libro llamado “Fútbol B”.

Por mi parte, fui el típico futbolista de club de regional, que hace un año inicié un humilde proyecto de libro llamado “El fútbol es”. Como ya sabréis, las líneas paralelas jamás están a la misma altura.

Es por ello que me parece genial que Jacinto Elá me pidiera tal colaboración.

Hoy, 29 de julio, me dirijo a mis lectores para responder a las cuestiones que Jacinto me propuso. Mediante las cuales expresar qué es para mí volver al ruedo. Volver a ser portero. Allá voy.

La soledad del portero se extiende más allá del terreno de juego.

Hace poco más de un año me decidí a dejar el fútbol. Principalmente porque estaba bastante agotado de ser portero y de vivir como ello requiere. Ya tenía claro que no lo dejaba por desinterés, ni por desmotivación. Ni tampoco por desacierto o por motivos logístico-familiares. Lo dejaba por haberme vaciado.

Con 30 años, 27 de ellos encerrado en ese estilo de vida. La portería no entiende de categorías, ni de pachangas, ni de amistosos. Únicamente entiende de aciertos y errores, de héroes o villanos.

Fue por ello que presentí que era el momento. Y ciertamente lo ha sido. No obstante, tenía claro que el fútbol es un eje peculiarmente importante en mi vida y que dejarlo del todo era imposible. Es por ello que más que dejarlo, lo que hice fue apartarme de la portería.

La vida del portero es dura

Me distancié de la portería y me dispuse a hacer de entrenador de porteros. Este es un mundo exigente, metódico y profesional. Pero tiene una peculiaridad: te mantiene cerca del césped. En los partidos y, sobre todo, en los entrenamientos.

Te sientes tan cerca de la competición que cuando alguno de tus porteros no está en disposición, participas de la sesión de entrenamiento. Y ello fue algo que me acercó a volver a ser futbolista.

Estar en el césped con excompañeros de fatigas, ver cómo se enfrentan a otros amigos que habían compartido vestuario conmigo. Se iban dando situaciones y sentimientos que me conducían al día de hoy.

Si algo he echado de menos en esta etapa de mi vida ha sido la sensación de pertenecer a un grupo, a un colectivo, a un vestuario. Pasarlas canutas juntos, reír juntos, soñar, o incluso llorar. Todo ello desde ese punto de vista por el que voy a luchar, el de ser alguien importante en la plantilla. Ser el portador del número 1.

Sí, ese es el objetivo marcado. Mejor dicho, es uno de los propósitos a los que intentaré llegar. Está claro.

Pero sin ninguna duda hay un largo camino por recorrer. Un año sin competir, sin entrenar, sin alimentarme para la causa futbolística. Este período te hace ser más acomodado, menos valiente, y en ocasiones menos enérgico. Pero te hace estar muy tranquilo. Y sin duda, en este apartado, también hay un margen de trabajo importante. Sin duda.

No obstante, y para acabar este nuevo capítulo, un capítulo con una fecha de caducidad bastante cercana, os digo que volveré a vivirlo como siempre, con pasión, con tensión y con nervios. Pero esta vez, de nuevo, vestido de corto.

Como ya sabéis, el fútbol es de los futbolistas.

¡Vamos allá!

Agredezco la colaboración de Dani Castilla, portero del Lloret. En Twitter @Dcastilla1