DEJAR EL FÚTBOL PARA TRABAJAR (I)

Debía dejar el fútbol por mi bien

En mis últimos meses como jugador del Ricoh Premia (2008) fue cuando comencé a pensar en dejar el fútbol para trabajar por primera vez en mi vida. Había estado en situaciones realmente malas, pasando meses sin cobrar y sin rendir como deseaba. En el Premià me pagaban e iba jugando… pero era tercera división. Para dejar el fútbol se necesitan un par de temporadas para decidir la retirada. Yo no necesité tanto, con 26 años lo tenía claro. Solo una lesión grave suele acelerar este tipo de decisiones. Cosa que no fue mi caso.

Tenía la sensación de no sentirme tan importante como debería dentro de ese equipo, el hecho de  haber fichado en enero me restaba credibilidad peso en el vestuario; además de que era muy joven y había pasado por varios equipos. Lo que se dice un jugador que estaba de vueltas, según los entendidos.

Cuando fiché por el Southampton FC con 19 años, me dije a mi mismo que si con 24 años no estaba jugando asiduamente en un equipo profesional (primera o segunda división de cualquier país) era el momento de dejar el fútbol para trabajar. Alargué la esperanza de seguir hasta los 26 años porque sufrí una lesión que me mantuvo más de un año sin jugar un partido. El fútbol no me hacía sonreír, me sentía un idiota.

Para salir fortalecido de mi etapa como futbolista profesional, por las mañanas me dedicaba a recorrer Barcelona en el Bicing con una pila de curriculums en una carpeta azul de plástico de esas que valen menos de un euro. Con un curriculum lleno de experiencias ajenas a lo que demandaban, me presentaba con la mayor de las ilusiones posibles. Por primera vez en mi vida estaba buscando trabajo fuera del mundo del fútbol. Sin saberlo ya estaba dejando el fútbol mentalmente. Mis aspiraciones futbolísticas no iban más allá del partido a partido. Ya no esperaba fichar por un buen club para la temporada siguiente. El 30 de junio cerraba la puerta.

Lo difícil al presentar un currículum tan peculiar es que es difícil explicar que llevas toda una vida dedicada al fútbol pero nadie te conoce, es entonces cuando los entrevistadores intentan entender cómo una persona que vive del fútbol, quiere un monótono trabajo no cualificado, de ocho horas diarias, realizando una tarea que no requiere -en apariencia- ningún talento especial.

La realidad es que para mí, el máximo objetivos era ser una persona normal con la posibilidad de darle una vuelta de tuerca a mi vida. Sé que mucha gente habría matado por vivir lo que yo, pero también tengo claro que, en el punto donde me encontraba, el fútbol me estaba matando el futuro.

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