La adolescencia del futbolista requiere renuncias

Es sabido por todos que mientras se es niño o niña pocas cosas hay más divertidas que ir a entrenar. No es necesaria motivación extra para que acudan con una sonrisa de oreja a oreja al encuentro de su compañeros. Pero en la edad adolescente hay conflicto de intereses porque se abre el abanico de opciones dentro de las obligaciones y las aficiones.

Por un lado tenemos la etapa en la que los adolescentes empiezan a interesarse por el sexo opuesto, y quedar con los amigos se convierte en el mejor evento de la semana.

Cuando se pertenece a la disciplina de un equipo, es inevitable sacrificar con los amigos. Está claro que el fútbol tira mucho y que es compatible con los amigos, pero aún así es exigente, aun estando en niveles no profesionales.

El lunes al llegar a clase da envidia escuchar como los compañeros hablan de lo bien que lo pasaron el fin de semana mientras tu centrabas toda tu energía al partido de la semana.

Un futbolista no suele arrepentirse del tiempo que ha dedicado al fútbol desde la infancia, todo lo contrario. Cuando se empieza a cobrar se empieza a presentir la disciplina que requiere ser futbolista. Hay que luchar contra las tentaciones.

Estas tentaciones aparecen en la etapa juvenil, justo cuando la exigencia académica aumenta considerablemente. En primaria no supone un esfuerzo excesivo, pero en el instituto se complica porque hay que dedicar más horas a los libros. No todos los chicos tienen la capacidad de sobrellevar ambas actividades a buen nivel. Cuando percibes un sueldo por una actividad, quedan en segundo plano aquellas que te aportan retorno a largo plazo (y muchas veces no material). Admiro a todos aquellos que consiguen ser brillantes en el aula y decentes en el terreno de juego.


La vida de futbolista son quince años y te quedan 60 o 70 y no puedes vivir de eso. Hay que ocupar tu vida en más cosas, pero ahora mismo no lo pienso.

Rodrigo Hernández, futbolista

Cuanto mayor categoría tiene el club en el que se juega, más tiempo ocupa el fútbol en la vida del futbolista; el jugador dedica más tiempo a repasar jugadas y a revivir (malas) sensaciones derivadas de la práctica del fútbol en detrimento de a lo aprendido en la escuela. Grave error.

Cuando se juega a cambio de un sueldo siempre se vislumbra la esperanza de ganar más, lo cual se convierte en la zanahoria del caballo. Presión.

Con los jóvenes hay que tener cuidado, ante todo necesitan confianza y hay que hacerles entender que se les exige porque se cree que pueden hacerlo mejor y no para putearles. Deben percibirlo desde el principio. El fútbol hay que disfrutarlo.

Sufrir jugando a fútbol es como odiar tu postre favorito.

Jacinto Elá

Uno debe competir contra sí mismo sin torturarse. Muchos chicos no aguantan tanta exigencia y se vuelven jugadores apáticos y faltos de confianza. Sin alma. Se les ve incluso sufriendo dentro del fútbol y… Sufrir jugando a fútbol es como odiar tu postre favorito.