11 Excusas futboleras que no lo son

Los futbolistas tienen fama de ser cuentistas, y licenciados en excusas. Esto se debe a que se han (nos hemos) dedicado a dar explicaciones gratuitas.

En realidad no entiendo por qué los futbolistas, a diferencia de otras profesiones, intentan explicar acciones subjetivas que, muchas veces, ellos mismos no comprenden.

Un partido de fútbol no es como servir un banquete de bodas. Para servir un banquete solo basta con saber lo que cada uno tiene que hacer y hacerlo. Sin embargo, en un partido de fútbol puedes saber lo que tienes que hacer, pero el rival tiene otros planes que van a modificar los tuyos.

Incoherentemente, el futbolista se siente culpable cuando hace un mal partido. Es normal, porque a todo el mundo le gustaría realizar su faena de la mejor manera posible. Pero lo curioso es que el futbolista se siente mal por los aficionados, incluso llegan a pedir perdón por una mala actuación. No creo que deban disculparse cuando han intentado hacer las cosas lo mejor posible. Solo una mala actitud es reprochable, pero eso es muy subjetivo.

Sin embargo, hay una serie de justificaciones que se repiten en el mundo de fútbol que, pueden llegar a parecer ridículas, o coletillas para salir de una situación. Pero sorprendentemente no son excusas, sino que la pura realidad.

11 excusas que no son excusas

1. Me ha botado mal la pelota.

El futbolista desarrolla un sentido para intuir cómo puede botar la pelota, pero muchas veces es impredecible porque es en el último segundo cuando ésta cambia la trayectoria. Normalmente por un defecto en el terreno de juego. Desde la grada el jugador da la sensación de torpe, pero el que ha jugado a fútbol sabe que es un error habitual, muchas veces inevitable.

2. Me ha deslumbrado el sol/foco

Esta es una de las jugadas más comunes dentro de un partido de fútbol. Hemos visto como un jugador que está a punto de controlar un balón aéreo de repente no impacta con él. Resulta que el balón se ha interpuesto entre el Sol y el jugador, provocando que pierda el balón de vista por unos segundos, y cuando lo vuelve a ver ya lo tiene encima. Automáticamente el jugador y le dice a sus compañeros que no ha visto la pelota por culpa del sol, con el objetivo de que los aficionados entiendan la situación.

3. De suplente no rindo

Muchas veces los comentaristas cuando entra un jugador desde el banquillo dicen que no aporta aire fresco. Lo dicen como si el que sale del banquillo va sobrado porque no lleva corriendo todo el partido. Pues no todos los jugadores son capaces de adaptarse al ritmo de partido nada más entrar. Cuesta unos minutos poner el cuerpo en sintonía, por eso la importancia de un buen calentamiento.

4. No tengo ritmo de partido

Un jugador que no juega habitualmente puedes sufrir falta de ritmo de partido. Por mucho que haya entrenado, jugar un partido es diferente. Posiblemente por la tensión que existe en los partidos, que no se encuentra en los entrenamientos.

5. Me falta confianza

Para cualquier persona ajena al mundo del fútbol, esta puede parecer una excusa de flojo. Pero el fútbol -y el deporte en general- es una cuestión de preparación y estados de ánimo. Con esto no me refiero a que un jugador solo puede jugar bien cuando esté animado. No. Me refiero a que debe construir su propia confianza, ya sea individualmente o con ayuda externa. Evidentemente que hay momentos en los que uno tenga menos confianza, pero no desmoronarse por ello ayuda a hacerse más fuerte. Siempre hay luz al final del túnel.

6. El tobillo me está matando

Uno de los clásicos del fútbol es jugar con dolor. Increíblemente un jugador puede jugar un partido o entrenar, y después pasarse todo el día sin poder apoyar el pie en el suelo. Esto se debe a que cuando uno está entrenando o jugando va con una intensidad que no le permite pararse a pensar en el dolor. Sin embargo en el día a día, todo es mucho más lento y centrarse en el dolor es inevitable. La gente que rodea los futbolistas, especialmente sus parejas, te pueden decir que son hipocondríacos. Pero en realidad lo único que hacen es estar pendiente de su herramienta de trabajo, que es su cuerpo.

7. No juego en mi sitio

Es evidente que a todos los jugadores les gusta jugar en cualquier posición. Pero también es cierto que en unas rinden mejor que en otras. Esto se debe a que si uno lleva años jugando en un puesto en concreto, tiene controlado mejor los movimientos y conceptos que se necesitan en esa parte del campo. Sin embargo, cuando tienen que jugar en otra posición deben aprender los nuevos conceptos, y si no los dominan, en muchos momentos del partido se divagan y pierden seguridad.

8. Llevamos meses sin cobrar

Por mucho que a uno le guste el fútbol, cuando se es profesional se hace a cambio de un sueldo. Cuando no está satisfecha la parte económica, los jugadores tiran de orgullo. Pero el orgullo también se alimenta con dinero y llega un momento en el que no basta con el amor a la profesión para rendir bien.

9. Hace mucho viento

Pocas cosas hay más incómodas que jugar con viento. Cierto es que el viento es para los dos equipos y para todos los jugadores, pero no todos los jugadores se adaptan igual a esta climatología. Al igual que ocurre con el calor o la lluvia. Por eso los entrenadores, dependiendo del clima, también tienen en cuenta qué tipo de jugador necesitan para cada partido.

10. El césped está muy seco

El estado del cesped influye mucho en el desarrollo del partido. Hay equipos que se encuentran más cómodos en un césped en perfecto estado mientras que otros lo prefieren seco y lento. Evidentemente que el césped no va a estar al gusto de cada jugador, y deben adaptarse a la situación.

11. Los entrenos son una mierda

Los jugadores entrenan más que juegan, por lo que es conveniente que las sesiones de entrenamiento sean amenas. Si los jugadores no se sienten motivados por las rutinas, es probable que la intensidad no sea la idónea y eso se vea reflejado en los partidos.

Soy autor de “Fútbol B” y “Ulises: diario de un futbolista pobre”.