Un Avión De 4 Motores Para Un Futbolista Con Depresión

 

Este post fue escrito el 30 de Marzo de 2014. Lo he actualizado muy parcialmente debido al interés que puede tener después del revuelo que ha levantado la maravillosa entrevista de Panenka al jugador del FC Barcelona André Gomes. Además de las sorprendentes declaraciones del internacional alemán del Arsenal Mertesacker en las que, desde hace años, dice que antes de cada partido le entran diarreas y vómitos.

El futbolista y la depresión

Ya de por sí, la depresión (La depresión se puede describir como el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado) es una enfermedad silenciosa que padecen millones de personas, algunas ni lo saben. El futbolista no es una excepción, más teniendo en cuenta que este “es un deporte de estados de ánimo(Valdano).

El fútbol es más pasional de lo que muestran los medios y los jugadores. No es la misma pasión que la de los aficionados, es otra cosa que incluye al entorno inmediato del jugador; su familia , la  ciudad, sus inquietudes, aficiones … no basta con la pasión dentro del terreno de juego. Centrar la vida en tu profesión, por mucho dinero que ganes, te convertirá en carne de depresión. En la vida se ha de funcionar como un avión de 4 motores, si se nos para uno podremos continuar volando.

Me llamo la atención ver una declaración de Andrés Iniesta en las que decía que el gol de la Final del Mundial le ayudó a salir de una pequeña depresión, bueno, el gol y su formación como persona. Me da la sensación de que, 3 de los 4 motores, estaban parados en ese momento. Si no hubiese metido esa volea prodigiosa a pase de Cesc, estoy seguro que otro acontecimiento habría pegado la volea a esa pequeña depresión. Es lo que se llama salir de una depresión a lo grande, pero no todos tenemos la posibilidad de hacer felices a millones de personas jugando a fútbol – Sí, hay gente que basa su felicidad en los aciertos de otros-. Opino que las personas tenemos que ganar nuestros pequeños mundiales diarios sin esperar palmaditas en la espalda a pesar de no trabajar en algo que nos apasione. Suele está la opción -la mía- de hacer que lo que hago me apasione.

Mis flirteos con la depresión

Esto me lleva a recordar un par de etapas en mi carrera deportiva cuando era jugador del Alavés y posteriormente de la Fundación Logroñes. En Vitoria me recuerdo muchas tardes, después de entrenar por la mañana, viendo el programa de cotilleo de turno. Siempre he odiado ese tipo de programas desde que leí en 1999 el libro “Mírame tonto”, el cual muestra las tripas de la telebasura contado por una redactora de ese tipo de programas. Además de no tener Internet en casa, no nos pagaban, nos prohibieron salir de fiesta…un despropósito. Creo que estas fueron las claves para mi adicción durante unos meses a tumbarme en el sofá, con las persianas bajadas y quedarme dormido escuchando al incómodo de Jorge Javier Vazquez.  Ahora es cuando veo y creo que podía ser un tipo de depresión leve que de algún modo se reflejó en el rendimiento. Pocos motores tenía en esa fase de mi vida ya que mi principal obsesión era aprovechar ese año para volver a luchar por jugar en primera división.

Mis motores para no caer en la depresión

Unos años después recalé en en la Fundación Logroñes; la situación se repitió pero de ahí salí mejor parado. Tampoco cobrábamos pero tenía varios motores funcionando:

Motor 1: relaciones fuera del terreno de juego

En la medida de lo posible, me divertía con mis compañeros dentro y fuera del terreno de juego. Aun así no renuncié a la soledad voluntaria. Necesitaba estar solo para estar conmigo. Si uno se soporta a sí mismo ha ganado media batalla al mundo.La Calle Laurel a tiro de piedra era una buena vía de escape a pesar de tener los bolsillos pelados. Incluso alguna vez vinieron algunos compañeros a mi casa a comer pollo con salsa de cacahuete y Lambrusco (botella por cabeza).

Motor 2: aprende cosas, estudia algo

Iba a la biblioteca, 6 horas diarias, a estudiar para aprobar las pruebas de acceso a la universidad. Al final conseguí pasarlas años más tarde apuntándome a una academia, pero el hecho de ir a la biblioteca cada día me hizo tener otro foco de atención. También escribía canciones de rap -siempre lo he hecho- que me ayudaban a sacar mucho de lo tenía dentro. Después por las tardes iba a entrenar con muchas menos presión porque mi vida era mucho más que fútbol.

Motor 3: La familia

Mi pareja, que es la actual, supo entender mi situación y fue todo más llevadero. Por otro lado mi familia ya sabía que me desenvolvía bien en este tipo de situaciones de incertidumbre. Tuve la suerte de que nunca se colgaron de mí como una manzana del árbol. No sentí presión ninguna para mostrarme vulnerable, lo cual me hizo más fuerte.

Motor 4 (y no el menos importante): Las series son medicina

En Logroño tenía internet gratuito lo cual me permitía ver series. Por si fallaba la conexión, cogía DVDs en la biblioteca. Seinfield y LOST (Perdidos) fueron mis grandes aliadas para pasar los fríos días de invierno en Logroño. Hay mucha diferencia entre eso y ver “Aquí hay tomate”. También me ayudó una barbaridad ver monólogos de Chris Rock para mejorar mi inglés y mis habilidades como orador. En serio. Incluso llegué a poner subtítulos en español a un monólogo de Chris Rock para que lo viera mi novia.

Si cualquiera de estos motores me fallaba me podía apoyar en los otros. Jamás coincidió que más de dos motores funcionaran por debajo de sus posibilidades gracias a mí, que estaba atento de mantenerlos funcionando continuamente.

La depresión es un avión de cuatro motores que solo podrás mantener siendo un buen mecánico y rodeándote de buenos mecánicos.Vuela. Clic para tuitear

En mi libro dedico un capítulo a la depresión.

 

 

Receta Pollo Salsa de cacahuete (versión tailandesa)

Monólogo Chris Rock