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Traté de hacerlo todo bien, pero acabó todo mal

enero 18, 2020

Un año antes de retirarme, probé suerte en la Fundación Logroñés, mi penúltimo equipo. Un equipo surgido del descontento para arrebatarle el protagonismo al CD Logroñés de toda la vida que vivía sumergido en un sinfín de problemas económicos.

Era mi penúltimo tren para seguir viviendo del fútbol. Tenía 25 años, y los bolsillos llenos de piedras, la mochila llena de promesas incumplidas y un baúl sin expectativas futuras.

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Volvía a empezar de nuevo en mi carrera.

Cuando uno cambia de equipo hace borrón y cuenta nueva. Especialmente cuando se viene de una temporada tibia, sin grandes logros ni grandes fracasos.

Pues mi intención era hacer las cosas bien desde el inicio. Todas las experiencias que había tenido en otras ciudades y otros equipos (Southampton, Alicante, Vitoria, Dundee) tenían que servirme en esta nueva etapa. Habia vivido sólo desde los 19 años, y cada vez que me mudaba quería hacerlo mejor.

Ese año en Logroño me puse el propósito de ser consciente con el consumo y llevar una vida ordenada, con rutinas y actividades como podía ser estudiar. Pensaba que era la mejor manera de prever los problemas económicos.

Como ya intuía que me quedaba poco tiempo en el mundo del fútbol, ese año decidí empezar a estudiar para presentarme a las Pruebas de Acceso a la Universidad. Cada mañana dedicaba entre 4 y 5 horas en la biblioteca. Cumplir con esos horarios me hacía sentir seguro.

El Comercio Justo para tener la conciencia tranquila

A la hora de comprar traté de adquirir únicamente productos de kilómetro Cero y de Comercio justo. Perdía más tiempo leyendo etiquetas que comprando. Pero si algo creía que me sobraba era tiempo.

Saber que mi politica de consumo ayudaba a personas en otras partes del mundo me hacía sentir mejor. Aunque fuese más caro.

Rutinas, estabilidad, seguridad

Durante los primeros dos meses y medio mi vida tuvo cierta estabilidad gracias a rutinas. Por la mañana estudiaba en la biblioteca, cocinaba y comía en casa, veía alguna serie y me iba a entrenar. Mis días pasaban en este marco de seguridad.

En lo futbolístico también estaba satisfecho. Estaba teniendo la anhelada sensación de sentirme un jugador importante.

Cuando todo se desmorona

Pero a partir del mes de octubre empezamos a tener problemas para cobrar. Había pasado por esa misma situación otras veces, pero nunca esperas volver a vivirlas. Traté de mantenerme rígido en mis rutinas y costumbres para no entrar en la locura.

Esta nueva situación de impagos me dificultó poder concentrarme para seguir estudiando en la biblioteca. Seguía acudiendo cada mañana, pero no conseguía centrarme. Tenía que hacer esfuerzos enormes para no recoger mis bártulos y largarme a casa a jugar a la PlayStation. Sabía que lo correcto era quedarme aunque no estuviese haciendo nada. El mero hecho de permanecer allí me daba la sensación de no perder el tiempo.

Otra de las consecuencias de esta crisis de impagos fue que tuve que abandonar la práctica de mirar las etiquetas de los productos que compraba y dirigirme exclusivamente a los más baratos. En ese momento el único Comercio Justo era gastar lo mínimo posible.

La única estabilidad durante esos 5 meses como jugador de la Fundación Logroñés fueron los buenos partidos que jugamos y los resultados que sacamos. Sin embargo en el mes de enero del año 2008, prácticamente la totalidad del equipo rescindió contrato a pesar de ir primeros en la liga.

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