Supera el ridículo, cambia el mundo

Con 2,16 metros  Wilt Chamberlain fue uno de los jugadores gigantes con mejores movimientos de la historia de la NBA. Además de su presencia física, dejó unos registros anotadores al alcance de muy pocos. Mantuvo un promedio de entre 40 y 50 puntos por temporada.

El famoso tiro de la rana

Fue durante una lluviosa noche de 1962 Wilt Chamberlain, estrella de los Philadelphia  Warriors por aquel entonces, anotó la friolera de 100 puntos en un mismo partido frente los New York Knicks.

En el primer cuarto anotó 23 puntos. Al descanso llegó con 41 puntos. 69 en el tercer cuarto. Pero no tenía intención de bajar el ritmo.

A 46 segundos del final del encuentro, Chamberlain se deshizo de sus marcadores y anotó. El público estalló de júbilo. Cientos de espectadores se frotaban los ojos ante tremenda hazaña… ¡100 puntos! Nadie ha superado esa marca a día de hoy.

Eso no fue todo. Algo extraño ocurrió después de esa noche. Chamberlain decidió cambiar una de las claves de su éxito. Esto me lleva a preguntarme por qué tomamos decisiones que claramente nos perjudican.

El tiro de la rana

En sus inicios en la NBA, el bueno de Chamberlain dominaba a sus rivales físicamente anotando desde diferentes ángulos. Era imparable. Pero cargaba con una losa enorme: un pésimo porcentaje de tiros libres. 40% de acierto.

Al inicio de esa temporada (1962) decidió cambiar su técnica de tiro; en lugar de tirar como todo el mundo -brazos en alto por encima de la cabeza-, puso en práctica lo que se conoce como el tiro de la rana o de cuchara, que consiste en coger la pelota con las dos manos, situarla entre las dos piernas flexionadas y lanzarla como si nunca hubiera jugado a baloncesto. Con esa nueva técnica mejoró su porcentaje de acierto pasando del 40% al 60%.

Era el peor tiro del mundo, pero Chamberlain consiguió 100 puntos con 28 puntos desde el tiro libre. El tiro de la rana. Clic para tuitear

En la maravillosa noche de los 100 puntos, anotó 28 de 32 tiros libres. 87,5%. Récord de tiros libres en un solo partido. El cambio de técnica fue crucial en su acierto.

Pero después de ese partido algo increíble ocurrió. Wilt Chamberlain no volvió a utilizar el tiro de la rana y volvió a tirar como todo el mundo recuperando su nefasto 40% de acierto desde la línea del tiro libre.

No había ninguna razón racional para dejar de hacer el tiro de la rana. Pero era una decisión que Chamberlain no iba a cambiar el resto de su carrera. A pesar de entrar en el Salón de la Fama acabó siendo un mediocre lanzador de tiros libres.

La verdad que es que verle tirar tiros libres debía ser un drama para cualquiera.

Yo fui un poco Chamberlain

Cuando fiché por el Southampton FC tuve que hacer cambios en mi estilo de juego para encajar en el equipo -cosa que no sucedió-. Los entrenadores me pidieron que renunciase a jugar como lo venía haciendo toda mi vida.

Una de mis principales virtudes era el regate por banda hasta la línea de fondo y sacra el centro, pero en Inglaterra se llevaba centrar desde la línea de tres cuartos (más o menos a escasos metros del área rival). Para un jugador cuya habilidad principal era el desborde eso era una amputación.

Obedecí porque quería jugar. Pero sabía que no estaba haciendo lo correcto.

¿Por qué renunciar a algo que te da resultado? Clic para tuitear

De haber insistido en mi estilo de juego quizás habría conseguido jugar más, o al menos fracasar siguiendo mi naturaleza.

Todos somos un poco Chamberlain

Queramos o no, en algún momento de nuestras vidas tomamos decisiones para no llamar la atención y pasar desapercibidos. La moda, por ejemplo, es una muestra de ello. Si quieres pasar desapercibido sigue la moda. Nunca falla.

Wilt Chamberlain, después de esa histórica noche no quiso que se le recordara por el tiro de la rana. Aún sabiendo que era efectivo, prefirió evitar las risas cada vez que lanzaba a canasta. Escogió ser un gran jugador en lugar de ser único.

Richard Douglas Fosbury

Por otro lado tenemos a Richard Douglas Fosbury, inventor del salto de pértiga de espalda actual. Antes de 1968 lo normal era saltar de frente como quien se tira a una piscina, o encogiendo las piernas. A Fosbury le parecían estilos muy complicados, así que empezó a perfeccionar el salto de espaldas.

Richard Douglas Fosbury

Al principio se reían de él, pero lo que parecía una excentricidad le llevó a proclamarse campeón del mundo e incluir su técnica de salto en los manuales de atletismo.

Hoy a nadie se le ocurre saltar de otra manera.

Conclusión: si te funciona, no estás haciendo el ridículo. Estás cambiando el mundo.

Soy autor de Fútbol B y Ulises: diario de un futbolista pobre.