Reducir la felicidad a un bocata

Desde hace unas semanas me he visto obligado a agendar mis deberes, desde los más cotidianos (pagar recibos, cumpleaños, visitas al médico de mi hijo, etc.) a las citas más importantes a nivel profesional (charlas, conferencias, coloquios, entrevistas, participación en la radio). Llevo años tratando de ser fiel a una agenda, pero por un motivo u otro, he sido incapaz de abrirla más allá la primera semana. Lo cual derivaba en el no cumplimiento de objetivos en el tiempo previsto. ¿Y eso qué significa? Vivir con la eterna sensación de no aprovechar el tiempo plenamente a nivel personal ni profesional.

Cuándo se van acumulando las casillas sin tachar es cuando uno se arriesga a padecer cierta ansiedad. También es cierto que queremos abarcar mucho más de lo que podemos, y el día solo tiene 24 horas. Para hacer de esas 24 horas algo eficiente es necesario organizarse.

Esta mañana bajaba por la calle Poeta Cabañas, en el Poble Sec, y como cada día pasé frente un estudio de arquitectura que se encuentra a pie de calle. Desde el exterior se puede apreciar que a veces hay entre una y tres personas trabajando frente a ordenadores. Llevo 8 años pasando por delante, por lo que imagino que les va bastante bien. Ese tipo de negocio suele estar ligado a gran cantidad de estrés. Al hecho de ser autónomos hay que sumarle la urgencia de los clientes y la contabilidad.

Muchas veces a mediodía veo a la que imagino que es la jefa, salir a fumarse un cigarrillo. Lo hace como si fuese lo que da sentido a su vida. La he visto tantas veces que apenas me ha llamado la atención. Pero hoy ha sido diferente, como otros días estaba comiéndose un bocadillo en la puerta del local, aunque nunca le di importancia. Con cuidado ha desenvuelto el papel de plata del bocadillo, lo ha mirado enamorada, ha abierto la boca como un tiburón, ha cerrado los ojos, y le ha pegado un bocado de pez. Masticó 32 veces exactas, como mandan los cánones. La cara de satisfacción era mucho mayor que cuando fuma… que ya es decir.

Es cuando recordé la importancia de simplificar la felicidad a un bocata. Yo mismo me he alegrado muchas veces a media mañana de repente al recordar que en mi mochila me espera un bocata delicioso (hecho por mí mismo) a la salida del trabajo. Durante ese instante olvido todo lo que tengo que hacer durante el día. Después de comerme el bocadillo veo todo mucho más claro, y consigo centrarme en solucionar las citas más cercanas. Dejo de preocuparme por lo que tengo que hacer dentro de una semana o dentro de un mes. Lo importante es resolver lo que me espera en las próximas horas. la única fórmula es pasar de la A a la B y de la B a la C, así continuamente. Si no llego a la C tampoco me estreso, lo importante es seguir un orden. Y para eso está la agenda, para no perderme en asuntos menores que retrasan la consecución de lo importantes.

Y aquí es cuando entra otro dilema: ¿Qué es lo importante y qué lo urgente? A la hora de confeccionar la agenda tenemos que tener en cuenta esto, y sobre todo, ser disciplinados y cumplir con los objetivos marcados a pesar de que aparezcan otros más atractivos. Hay una frase que me gusta mucho: “Que te guste no quiere decir que sea bueno para ti”. De hecho me causa más satisfacción realizar primero las tareas que me resultan menos agradables y dejarme las otras para el final.

Volviendo al bocata, creo que la clave para no agobiarnos es afrontar paso por paso cada tarea, evitando la multitarea. Porque lo que nos hace felices no es ganar la guerra, sino ganar batallas. Necesitamos la guerra para tener un por qué luchar, pero esta guerra es personal, y en las batallas no derrotamos a nadie, nos superamos el mero hecho de intentarlo. Tantas veces como sea necesario. Eso sí, siempre debemos buscar un hueco para comernos bocata, porque la felicidad no es nada más que comerse un bocata y masticarlo con los ojos cerrados sin interrupciones. 

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