La tecnología no va a salvar al fútbol (2017)

Cada vez suena con más fuerza el debate de la introducción de la tecnología en el fútbol. Desde hace años se viene hablando de utilizarla para evitar el caso de los goles fantasmas. Vaya una chorrada. Ni que fuera lo más grave que ocurre en el fútbol. Se ha comentado tantas veces que empiezo a pensar que se dice por hablar de algo. Se han añadido más árbitros, pero se ha demostrado que no es una cuestión de cantidad sino de… realmente no sé.

Soy un ferviente defensor del uso de la tecnología para mejorar la vida de las personas, pero con matices. ¿De qué sirve el Whatsapp si luego somos incapaces de mantener una conversación cara a cara sin dar prioridad a las notificaciones del móvil? Una escena habitual es ver a un grupo de tres personas sentadas en una cafetería cada cual con la vista puesta en la pantalla de su teléfono móvil. Apuesto que están intercambiando mensajes con terceros. ¿Entonces qué hay que hacer para hablar con la gente que se tiene alrededor, no tenerlos cerca? Cuando lo absurdo se vuelve común a nadie sorprende. ¿Quién puede asegurar que con el ojo de halcón los arbitrajes rozarían la perfección?

¿Por qué son más aceptables los errores de los jugadores y entrenadores que los de los árbitros? ¿Acaso ellos no son deportistas? ¿Acaso no son parte del juego? ¿Acaso no son humanos? Estamos perdiendo el sentido común respecto a la profesión arbitral. No olvidemos que es una profesión. Incluso los Iphone fallan. Seamos serios. A nadie le gustaría ser corregido rodeado de un montón de personas. Dicen que se debería utilizar un monitor para ver las jugadas conflictivas y rearbitrar en el acto. Y lo dicen sin ponerse rojos. Si son más importante las decisiones arbitrales que las estrategias de los entrenadores mal vamos.

Se apoyan sobre algunos deportes estadounidenses como el fútbol americano. Si los árbitros tuvieran el respeto del que gozan los árbitros de la NFL podría tener sentido aplicar al rearbitraje, pero para eso queda mucho. Cómo si tuviese algo que ver con el fútbol que aquí conocemos. Para empezar no le doy mucha credibilidad a un deporte que se llama “foot-ball” (pie-balón) y se juega mayormente con las manos. Los defensores de la imitación del fútbol americano no ven más que un partido al año, la Superbowl, y no ven el partido porque se enteren de algo, lo ven porque hay show. Pierden horas de sueño por puro postureo. Luego en todo el año no ven ni un solo partido más. También están abducidos por la moda de copiar todo lo americano. Solo hay que ver la proliferación de las hamburgueserías. No me extrañaría que aquí tengamos más variedad de hamburguesas que en EEUU. Lo que allí es pan con carne aquí se ha convertido en una religión hypsterista.

Pasamos de las hamburguesas del Mc Donalds a 1 euro a las hamburguesas gourmet por 10 euros que te sirven en los locales primos hermanos de los que venden magdalenas a 3 euros (cupcakes). Con todas las cosas buenas que tienen los estadounidenses tratamos de imitar las más vulgares y venderlas como lo más. Solo hay que ver el cine americano que más vende. Hay partidos que acaban con empate a cero, sin ocasiones, sin valentía por ninguno de los dos equipos. Si a eso le tuviésemos que añadir la revisión de jugadas, deberían regalar sacos de dormir y pizzas al público. Vaya tostón. Quiero pensar que la gente tiene mejores cosas que hacer que invertir 4 horas en un partido de fútbol.

Luego hay que ver lo difícil que es revisar una jugada y que todo el mundo acepte la decisión del rearbitraje. Nadie puede asegurar que todo el mundo vaya a quedar de acuerdo, y mucho menos que acepten la decisión del árbitro. Si después de ver 10 repeticiones, en la tranquilidad del hogar, somos incapaces de ponernos de acuerdo, imagínate el árbitro bajo la presión de un estadio lleno y todas las cámaras apuntando hacia él. Hay ser estúpido para recriminar a un árbitro que se equivoque por centímetros en la señalización de un fuera de juego. Tenemos tan integrada la televisión en nuestras vidas que se da por hecho que la visión de los árbitros es igual de cómoda que la del telespectador.

La gente del fútbol está enfocando el debate desde un lugar abiertamente erróneo. Cada vez que sale el tema a mediados de cada temporada, de manera cíclica, se sigue insistiendo en la instalación de una cámara en la línea de gol, en revisar las jugadas al instante, de más árbitros en el campo, de profesionalizar a los árbitros (parece mentira pero no se dedican exclusivamente al arbitraje a pesar de ganar un pastizal). Ninguna de las sugerencias mejoraría el fútbol. El fútbol no brilla por ser perfecto, sino por todo lo contrario. Es atractivo porque es imprevisible, aunque algunos se empeñen en tenerlo todo controlado para asegurar sus inversiones.

Cuando David mata a Goliat el fútbol gana.El principal problema del fútbol es que nadie respeta al árbitro como persona con sus errores y sus defectos. Cuando veo a los jugadores cargar tintas contra los árbitros de manera sistemática siento pena por ellos. Especialmente cuando lo hacen una vez pasado el encuentro, en frío. Antes de salir en público a insinuar que el árbitro les has perjudicado, deberían ver si ellos han hecho un partido perfecto. Si es así, quizás, solo quizás, tenga sentido seguir llorando la actuación arbitral. Pero pongo la mano en el fuego que incluso aquel que ha marcado 3 goles, si analiza su partido, verá que ha cometido varios errores.

Si no se corrige la actitud de los futbolistas hacia los árbitros no hay nada que hacer. Pongan los medios que pongan siempre van a haber protestas si no cambia la relación entre futbolistas y entrenadores con árbitros. Ingenuos aquellos que quieren arreglar los problemas éticos con soluciones tecnológicas.

Capítulo escrito en 2017, antes de la implantación del VAR en mi libro Fútbol B.

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