Iniesta: todos tuvimos un último ídolo.

Las redes sociales han servido para que los aficionados al fútbol premillenials  muestren la admiración y la tristeza que sienten por Andrés Iniesta. Aficionados de todos los equipos sienten un vacío que no creen poder volver a llenar. En parte tienen razón, especialmente los que tienen más de 30 años. Es una historia que ya he visto antes, la he vivido en mis propias carnes, pero era joven y aún me quedaban ídolos por descubrir.

Hristo Stoichkov

Hristo Stoichkov fue mi primer gran ídolo cuando empecé a seguir el fútbol. Me fijé en él porque era un jugador diferente, de la calle. Nada de lo que hacía se aprende en una academia (por suerte). Me fijé en él por su rebeldía, su energía y su determinación. También es cierto que yo era un niño y su ejemplo no era el mejor. El Mundial de USA’94 fue su consagración como ídolo absoluto. Hizo lo que yo soñaba para cualquier equipo africano: incordiar. En mis primeros años me fue bien imitar su carácter para defenderme de defensas mucho más corpulentos que yo; pero a la larga tuve que dejar de idolatrarle.

Cuando se fue del Barcelona al Parma aún me quedaba un buen recuerdo del búlgaro, pero cuando volvió me di cuenta de que se había retirado el día que dejó el Barcelona por primera vez. Ya no era el mismo jugador. Dejó de ser mi ídolo. Y no me morí. Tenía 15 años.

George Weah

Cuando entré en la temprana adolescencia me di cuenta de que el color si importa, empecé a buscar referentes negros en los que verme reflejado. Había muchos jugadores que me gustaban pero en ninguno me veía reflejado. Hasta que apareció la selección de Nigeria en el Mundial de USA’94 iluminada por Okocha. Fue un verano de ensueño que acabó con pesadilla gracias a la magia de un tal Roberto Baggio. Se cargó a la selección española y la nigeriana. No me quedó nada más que Bulgaria.

En los años posteriores al Mundial del 94, George Weah fichó por el A.C. Milan. Durante cinco temporadas se ganó la admiración del fútbol mundial, un balón de oro. No tiene un palmarés excesivamente brillante pero su carisma está fuera de toda duda. Fue mi ídolo, pero también se apagó jugando en equipos como el Chelsea y el Olimpique de Marseille. No me morí. Tenía 18 años.

Thierry Henry

Sin duda es mi ídolo absoluto. Soñé y trabajé para parecerme a él cuando estuve en el Southampton a pesar de tener un físico más parecido a Ian Wright que al del francés. De él me gustaba la seriedad que mostraba haciendo un juego tan divertido. La capacidad de liderazgo y su clase. Corría con una elegancia más propia de un atleta que de un futbolista -solo hay que ver el estilismo de Arjen Robben-.

Cuando jugaba en el Southampton, veía cada partido del Arsenal por televisión como si me fuera la vida en ello. Ningún plan era más importante que ver a “mi Arsenal”. Era una constelación de estrellas que solo veían posible brillar haciendo un fútbol estelar. Ese Arsenal estaba por encima de los resultados. Arsène Wenger hizo posible eso. Un modelo de juego que solo era robusto con Thierry Henry y sus secuaces. Mientras quedaron jugadores tocados por el brillo de Henry, el Arsenal se sostuvo, pero el “nuevo fútbol” iba a acabar con el Arsenal; los resultados cada vez tenían más peso en el fútbol (hasta que apareció Guardiola).

Los mejores años de Henry se quedaron en el Arsenal. Aunque en el Barcelona brilló con menor intensidad, dejó muestras de su enorme calidad y carisma. Pero ya no era el mismo. Ya no era mi ídolo. Y no he vuelto a tener otro ídolo futbolístico. Se me acabaron las fuerzas.

INIESTA

Iniesta ha desplegado un fútbol inalterado desde la infancia. Ha seguido jugando como lo hacía cuando con 12 años defendía la camiseta del Albacete en Brunete. Eso es lo que enamora de él. Comparte esta característica con Messi. Han conseguido que su talento no se vea modificado por el resultadismo que tanto gusta a las casas de apuestas y a los amantes de las estadísticas estériles que tanto prestigio dan a los analistas en Twitter. Hay muchos aspectos del juego que no se cuantifican con números.

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Messi es el mejor de todos los tiempos, pero no me ha pillado con 15 años. A partir de cierta edad se disfruta de los jugadores, no se les idolatra. Los fans de Iniesta debéis estar tranquilos porque no os ha dejado solos, nada más y nada menos que con el mejor.

Iniesta será el último gran ídolo de muchos. Todos tuvimos uno. Llega un momento de nuestras vidas en el que nos retiramos junto a nuestros ídolos y somos más aficionados al fútbol (o desconectamos) que a un jugador en concreto. Clic para tuitear