Estaba probando en Portugal deseando que Henry gane la Champions

Fin a medio año sabático

En el mes de mayo de 2006 mi carrera se encontraba en un claro declive por falta de motivación y contactos que pudieran darme un empujón para salir del barrizal en el que me había metido tras rescindir -contra mi voluntad- un contrato de 2 años a los 5 meses con el Dundee FC.

He de reconocer fue un gran año a nivel humano porque recuperé parte de mi juventud. Hice todo lo que había dejado de hacer mientras escalaba hacia el fútbol de élite. Nada del otro mundo.

En pleno mes de enero era agente libre (como los de la NBA pero en pobre). Antes de tomarme unos meses sabáticos mantuve conversaciones con L’Hospitalet para acabar la temporada jugando allí. Entrené un par de días y me ofrecieron firmar un contrato hasta final de temporada.

Cuando el entrenador me dijo que me iban a pagar 950 euros -herido en mi orgullo- le respondí: “para eso me voy a trabajar al Zara”. Había confianza entre nosotros y entendió mi postura. Le dije que yo no quería ser el jugador que más cobraba, pero al menos estar en la franja del medio. Hay que tener en cuenta que había jugadores cobrando 3000 euros.

Trabajar en el Zara no era tan fácil

Tenía 24 años y todavía no había pisado el mundo laboral fuera del fútbol. No sabía que trabajar en Zara no era tan fácil como imaginaba -un par de años después asistí a una entrevista de trabajo y me encontré con unas 40 personas aspirando a servir a Amancio Ortega-. En vista del poco tiempo que quedaba para el cierre del mercado de fichajes, y con la pequeña indemnización que recibí de mi anterior club (Dundee FC), decidí disfrutar de Barcelona entrenándome por mi cuenta y saliendo como nunca lo había hecho.

Me entrenaba en el cementerio para sentirme vivo

@rafaespada

La buena vida no fue excusa para dejar de entrenar. Cierto es que me entrenaba muchas veces en solitario por la zona del cementerio que hay en Poblenou y en la playa. No era lo más divertido del mundo, pero me sentía vivo. Me ayudaba a seguir sintiéndome futbolista. No barajaba ni la posibilidad de buscar un trabajo porque pensaba que si trabajaba en otra cosa dejaba de ser futbolista. Para mí el fútbol era como una pareja: no se comparte.

La opción portuguesa

En el mes de mayo salió la oportunidad de hacer una prueba en un equipo portugués del que no había escuchado hablar en mi vida: Louletano DC. Segunda división por aquel entonces.

Cuando mi representante me lo comunicó acepté sin hacer ningún tipo de pregunta. Además, me iba bien salir de Barcelona. Llevaba años sin pasar tantos meses seguidos en casa y coger un avión gratis siempre es apetecible.

Además, cuando estás en el final de tu carrera irte al extranjero parece más glamuroso que jugar en un equipo de Segunda B a tercera en tu ciudad. Es una lógica estúpida, pero cuanto más lejos estás mejor jugador pareces.

En este punto no recuerdo ni cuándo subí al avión, ni el momento de la llegada a Portugal. Sé que alguien me llevó desde algún aeropuerto en una furgoneta que, no sé por qué, recuerdo granate. Fue una estancia corta, pero no recuerdo mucho de lo que pasó.

Recuerdo que me metieron en un piso con un argentino con un físico entre Heinze y Fernando Redondo. Fue amable conmigo, aunque no paraba mucho en casa. Ya tenía su vida hecha en el pueblo. Hablaba portugués a la perfección. Se le veía acostumbrado a tener “intrusos” en casa. Imagino que el club utilizaba ese piso para los jugadores de fuera.

Uno de los detalles que me dio mala espina inicialmente fue tener que comprarme la comida. Todo el mundo sabe que cuando vas a prueba no te puedes permitir gastar mucho dinero; si estás mendigando trabajo no te puedes permitir malgastar como un turista. Tenía la opción de comprar y cocinar en el piso, pero tampoco me podía pasar porque mi estancia era de una semana, y tampoco es plan de pasarse el día haciendo de Arguiñano.

La mejor opción que encontré fue comprar pollo al ast. Para desayunar y cenar no había ninguna complicación. El argentino no tenía de nada. Luego me dijo que ya había recogido sus cosas para “volar a casa”. Solo iba al piso a dormir. No recuerdo qué coche tenía el argentino, en cambio si recuerdo que había bastantes perros durmiendo a la sombra en nuestra misma calle.

La Final de Champions del 2006 que merecía Henry

Esa semana coincidió que el Barça se enfrentaba al Arsenal en la Final de La Liga de Campeones. El argentino se despidió porque iba a verlo con unos amigos en algún lado, pero no me invitó. Me ahorró decirle que no.

Yo podría haber bajado a un bar, pero nunca me ha gustado ver el fútbol en los bares. Todo el piso para mí solito. Tenía la ilusión de ver a Thierry Henry ganar su primera Liga de Campeones.

Allí estaba sufriendo en el salón. Tirando cojines, acercándome a dos palmos de la pantalla.por momentos parecía que era mi propia casa. El argentino no me llegó a ver tan expresivo mientras estuve en el piso.

Durante esas más de dos horas fui el dueño absoluto. Pero mi poder quedaba en nada viendo como el Barça empujaba cada vez más a un Arsenal mermado por la expulsión de Jens Lehman en el minuto 18. Aun así el gol de Sol Campbell me dio esperanzas, pero el aluvión de juego del Barça dejaba claro que les tocaba llevarse esa copa. Me alegró que un tristón como Sol Campbell marcase un gol tan importante. Además, yo siempre había dicho que si tenía un hijo le llamaría Sol. Cuando lo tuve lo llame Kanaan (explorador).

Estaba siendo un gran partido, pero sufría por Henry, se merecía una Champions tras una pila de años en el Arsenal ganando muchos elogios pero pocos títulos de ese nivel. Se merecía una Champions por hacer de mis fines de semana en Southampton un lugar mejor. Se merecía una Champions porque verle en el campo del Southampton junto a Dennis Bergkamp fue una experiencia maravillosa. No parpadeé. Ambos marcaron.

Almunia, no me jodas Clic para tuitear

Intenté rezar, pero no pasaba del “bendito sea tu nombre”… Al final Belletti marcó el gol de la victoria. “Almunia, no me jodas, tú molas”. Un tío que juega en el Arsenal después de haber estado en el Sabadell, mola.

Cuando ya no le encontré el sentido a seguir viendo las celebraciones culés cambié de canal. Tenía hambre. Apagué la tele y abrí la nevera. Era la nevera más profunda que había visto nunca. Me pregunté: ¿Qué demonios hago yo aquí?

No me quise quedar en Portugal

Me pude haber quedado en Portugal, pero no quise. Cualquier equipo más cerca de mi casa me resultaba más rentable por el mero hecho de estar cerca. No traje regalos para nadie, pero todos me recibieron con los brazos abiertos en casa. Siempre fue así.

Esta historia no se encuentra en mi libro “FÚTBOL B” pero inspira a mi libro “Ulises: diario de un futbolista pobre“, disponible en Amazon. Todos los enlaces de Amazon en esta web me reportan una comisión que no te cuesta nada a ti. Gracias.