Es más fácil ser un buen entrenador que un buen jugador

Después del nombramiento como seleccionador del desconocido Albert Moreno (que algunos le conozcáis no quiere decir que sea muy conocido) se ha creado una polémica:

Por un lado están los que opinan que para el puesto de seleccionador nacional de debería elegir a un técnico de prestigio con una trayectoria destacada al frente de algún equipo. Por otro lado están los que creen que la experiencia en la élite está sobrevalorada, especialmente porque si no te dan la alternativa es ridículo que sea una exigencia. Es como cuando se pide un puesto de trabajo a un joven con 5 años de experiencia.

Entiendo ambas posturas, pero me quedo con los que opinan que un “Don Nadie” puede ser tan buen entrenador como un Zidane, o mejor.

Ser buen entrenador es mucho más sencillo que ser buen jugador. Para ser buen futbolista se requieren algunas habilidades físicas y psíquicas que no todo el mundo puede mejorar hasta alcanzar nivel de élite.

Además, el principal inconveniente en la evolución del futbolista es que es una carrera contrarreloj; la evolución táctica, técnica y psicológica deben coincidir con el mejor nivel físico del futbolista durante un determinado tiempo de su carrera, porque, tarde o temprano, la forma física decae.

Sin embargo para ser buen un entrenador tienes toda la vida para estudiar y aprender sobre métodos de entrenamientos y gestión de equipos. No necesitas estar en los mejores clubes para mejorar como entrenador -aunque con mejores jugadores y condiciones, mejores resultados-.

Un jugador de 30 años que se ha pasado toda la vida jugando en 3ª división, si le ponen en 1ª división, lo más probable es que desentone porque no ha competido a ese nivel ni ha tenido las herramientas (atención médica, sueldo, material deportivo, entrenadores de alto nivel, etc.) necesarias para rozar el nivel de la élite. Por eso ha estado tanto tiempo allí abajo.

Un entrenador que no ha dejado de formarse no tiene por qué desentonar entrenando en un equipo de primera división si se rodea de personas capaces. Lo que más le puede costar es ganarse el respeto de los jugadores.

Me atrevo a decir que muchos ex jugadores recién titulados están siglos por encima de técnicos que llevan años entrenando fuera de la élite.

Con esto no digo que los ex jugadores recién titulados no puedan llegar a ser -o sean- grandes técnicos, lo que quiero decir es que para ser entrenador es necesario ver el mundo como tal durante un tiempo.

Que hayas sido un buen camarero no te convierte en un buen sumiller (El sumiller es un experto que sugiere a la clientela de los grandes restaurantes el vino apropiado para la ocasión). Con el jugador y el entrenador ocurre lo mismo, por eso creo que, contradiciendo a la opinión popular, un entrenador que no ha jugado en la élite tiene ventaja a un jugador de élite que se introduce en los banquillos.

No basta con haber sido buen jugador

La única gran ventaja del futbolista de élite son los contactos. Bueno, y conocer el día a día de un vestuario de élite.

El mundo está lleno de buenos entrenadores, pero para demostrarlo en la élite hace falta tener un equipo, y eso es más complicado 😉. Pero sin duda que un buen papel de Robert Moreno abrirá las puertas a muchos “Don nadie” preparados.