Detecta a los que creen en ti

No creáis que miro al pasado con nostalgia, lo miro con la esperanza de no cometer los mismos errores en el presente, o mejor dicho: para aprender de las experiencias. Llamar errores a las experiencias quizás sea un poco destructivo.

Los entrenadores no siempre creen en ti

Y repasando mis experiencias me he puesto en mi yo hace 15 años y de los últimos 4 ó 5 entrenadores que tuve, solo un par de ellos creyeron en mí. Todos los anteriores me ficharon pero con la misma confianza con la que un jugador ocasional apuesta en la ruleta del casino. Esta claro que no va a luchar por que ese número cuando puede escoger otro en la siguiente partida.

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No culpo a los que no creyeron en mí ya que bastante tenían con salvar sus culos; el error era más bien mío por haberme doblegado ante sus exigencias sin compromiso a la hora de pedirme variar mi juego ignorando mis cualidades. Pero entre estos entrenadores hubieron dos que creyeron en mí. Supieron ver mi virtudes y explotarlas al máximo sin dejar de exigirme.

Algunos que creyeron en mí

Por desgracia, Emilio Ramírez (Fundación Logroñés) y Txutxi Aranguren (Alavés B) no acabaron la temporada.

Aranguren me rescató después de un par de años atravesando el desierto post lesión grave para devolverme la confianza que tenía guardada en cajón lleno de polvo. Por desgracia fue cesado a mitad de temporada y fue reemplazado por un hombre cargado de demonios por dentro. Bastante tuvo con aguantarse a sí mismo.

La lección de Emilio Ramírez: “¡Pues te jodes!”

Para explicar lo que hizo Emilio Ramírez por mí tengo una anécdota que me ha válido desde entonces para superar cualquier obstáculo:

Un miércoles antes de entrenar me acerqué al entrenador y le dije que tenía el tobillo bastante dolido, que sería conveniente descansar un día para así poder estar al 100% el fin de semana -yo era uno de los jugadores importantes del equipo, sabía que mi puesto no corría peligro-. Mi sorpresa fue cuando Emilio Ramírez me puso la mano en el hombro y me dijo: “¡Pues te jodes!”. No me lo podía creer. Enseguida se lo dije a uno de mis mejores amigos dentro del vestuario, que evidentemente se descojonó. Como no me quedaba más remedio entrené. Al final del entreno se me acercó el míster y me preguntó: “¿Qué tal tu tobillo?”. Bien, contesté. Me guiñó un ojo y se fue a otra cosa.

Qué aprendí de Emilio Ramirez

Emilio me había enseñado que mis limites están más allá de lo físico. Desde entonces cuando sufro un revés me digo “te jodes”, y voy a por él. Lamentarse no es una opción que pueda durar más de unos instantes. De esto podemos aprender mucho leyendo la historia de Darío Silva cuando le amputaron una pierna.

¿Qué puedes aprender?

En definitiva, solo quiero recordar que tenemos que estar lo suficientemente despiertos para retener a las personas que creen en nosotros. Ojo: nosotros debemos creer en alguien. Las personas demostramos los sentimientos de distintas maneras, y a veces, un “pues te jodes” quiere decir “esto a ti no te para, hazme caso, puedes superarlo”.

Aunque no lo creas, estás rodeado de gente que quiere ayudarte: solo tienes que estar atento e identificarlos.