DEJAR EL FÚTBOL PARA TRABAJAR (III): Comercial de Thermomix

Como he comentado en posts anteriores, mis inicios a la hora de buscar trabajo fuera del fútbol, con 26 años, me iban llevando a escenarios que jamás me había planteado. Andaba dando palos de ciego, me agarraba a cualquier flotador que me permitiese flotar para cuando dejase el barco del fútbol.

Este se puede considerar como mi primer trabajo con cara y ojos -por decirlo de alguna manera, al menos estaban organizadas-. De la forma más tonta me hice comercial de Thermomix. Sin buscarlo -aunque estaba atento a todo lo que me pudiese llevar a un trabajo- descubrí la posibilidad de “trabajar” con ellas (por que todas eran mujeres). Me llamó la atención  un cartel de la oficina en la calle Tenor Massini que decía: “¿QUIERES SER COMERCIAL DE THERMOMIX? “. No lo dudé, ya que por las mañanas estaba libre (por la tarde tenía entrenamiento en el Ricoh Premià) era una buena manera de aprovechar el tiempo.

Mis días como vendedor de Thermomix fueron breves

Me gustó cómo me recibieron, me citaron para que asista a una clase de cocina y conocer la máquina. Me convenció la máquina. Me convenció la acogida. Me pareció un “juguetito” muy útil para cualquier cocina, aunque muy caro. En su momento no me parecía tan caro, al principio lo utilizaba mucho ¡Incluso me hacía el café con leche! Sí, estaba muy motivado. 

Después de un pequeño curso de formación me dí cuenta de que la quería para mí a toda costa, pero conseguir una gratis a base de ventas era una tarea complicada. Solo le vendí una a mi hermana (aunque está contenta con la compra, no sé si lo hizo para darme ánimos). Me hice flyers para conseguir clientes, escuchaba audios sobre técnicas de venta,  hice un par de demostraciones a conocidos, pero nunca estuve cerca de vender la máquina.

Un hombre vendiendo Thermomix en aquella época no era muy rentable. Recuerdo que buscaba en el ordenador restaurantes y bares que pudieran estar interesados, llamaba e intentaba conseguir una visita. Es muy difícil vender algo tan costoso cuando nadie te lo ha pedido. Al principio me daba vergüenza pero cada vez escuchar una respuesta negativa me resultaba menos doloroso.

 Gracias a esta experiencia aprendí bastante sobre las amas de casa, sobre todo que saben organizarse. Me introduje en el mundillo del marketing comercial conociendo la existencia de varias técnicas de venta y sobre todo aprendí a aprender.

En esta esa época no imaginaba que iba a escribir libros.

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