Competitividad: destructiva y productiva para futbolistas.

La palabra competencia viene de latín competentia (cualidad del que lucha por conseguir un premio). alzar el éxito, o el supuesto éxito, cada vez se hace más alusión a la palabra competencia.

Para alcanzar el éxito, o el supuesto éxito, cada vez se hace más uso de la palabra competencia ya sea como definición o como adjetivo (competitivo).

En el mundo del que provengo, el fútbol profesional, competir es tan importante como respirar. Y cuando nos adentramos en el mundo del fútbol base profesional la palabra competición se pervierte de manera que puede llevar a equívocos, haciendo que la virtud competitiva se convierta en destructiva.

La competencia destructiva

La competencia destructiva colectiva

Un equipo de fútbol lo forman individuos independientes con un solo objetivo en común que se define a principio de temporada o se va definiendo durante ésta. La tiranía de los resultados.

El hecho de tener un objetivo común ayuda a la suma de fuerzas, pero uno de los mayores problemas en todo vestuario es que solo pueden jugar 11 jugadores en el equipo titular. Lo cual significa que cada semana más de un tercio de la plantilla se queda fuera.

Inevitablemente dentro de la lucha global y del objetivo del equipo, cada jugador lidia su propia batalla por un puesto en el equipo titular.

El problema es cuando el jugador cree que para jugar debe competir contra el compañero que juega en su misma posición. Sin quererlo, y por las circunstancias del entorno, ha creado el enemigo en casa.

En una reciente encuesta que realicé en mi perfil de Facebook, pregunté la siguiente cuestión: “En tu empresa deciden subiros el sueldo a todos. Compañeros 250 € y a ti 200€ mensuales. para hacer efectiva dicha mejora, tenéis que estar todos de acuerdo. Tus compañeros están de acuerdo, ¿tú aceptarías?” . para mi sorpresa el resultado fue bastante parejo. Evidentemente la mayoría aceptó, solo un 20% no estaba de acuerdo con esa medida. Este resultado es ficticio, ya que muchos de los que aceptaron el acuerdo lo harían a regañadientes. Y el motivo principal era que se comparaban con sus compañeros sin tener en cuenta que les habían subido el sueldo.

Si tu felicidad depende de superar a los demás, estás condenado a ser infeliz.

En los equipos de fútbol es habitual que los jugadores inflen sus salarios de cara a la galería. Y les comprendo, porque en esta sociedad se respeta al que tiene más dinero, no al más capaz y al que más aporta. Es algo cultural, solo hay que ver cómo las amas de casa han sido infravaloradas durante décadas porque no eran las que traían el dinero a casa.

La competencia destructiva acaba dejando víctimas por el camino. A la vez que restando fuerza al grupo. inconscientemente esto hace que cada cual, a su manera, lleve la guerra por su cuenta, y el futbolista acabe valorando los partidos en función de si ha jugado bien o mal. Cuando en realidad, puedes jugar mal y ser útil al equipo, como que puedes jugar bien y no aportar mucho. Parece una incoherencia pero no lo es.

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La competencia destructiva individual

Cuando escucho decir a alguien que es un perfeccionista, temo por su salud mental. La perfección no existe. Y mucho menos en el fútbol. Incluso los goles más espectaculares vienen precedidos de errores.

Pues hay muchos futbolistas que se exigen tanto que no aceptan cometer errores. Lo cual les lleva a torturarse continuamente sin llegar a sentir satisfacción por lo que hacen y rozar la perfección. Rozando la depresión.

Ser perfeccionista puede ser una virtud siempre que no se lleve al extremo. La perfección solo debería ser una intención (en ámbitos no matemáticos). Clic para tuitear

Los tenistas son especialistas en autodestruirse y recomponerse. El argentino Gastón Gaudio en una entrevista dijo que podía contar con los dedos de la mano, aquellos partidos en los que había disfrutado. Y aún así jugó cientos de partidos durante su carrera al máximo nivel.

Es fácil encontrar en el fútbol -a pesar de ser un deporte colectivo- jugadores que se torturan psicológicamente porque no cumplen con las expectativas propias o ajenas. Depresión. Conocido es el caso de Robert Enke que acabó en suicidio. Pero hay otros que han superado la depresión con éxito. Carlos Tévez, Gianluigi Buffon, Bojan Krkic o Jesús Navas són algunos estos casos.

“Cuando erré el penal, se me vino el mundo abajo, después de la eliminación me puse depresivo”

Carlos Tévez, futbolista argentino.

“Necesitaba quererme más, disfrutar de la vida y de mis seres queridos. No podía pensar solo en el fútbol. Aquella traumática experiencia me hizo una persona madura y fuerte. Vencer a la depresión fue la mejor parada de mi carrera.”

Gianluigi Buffon, futbolista italiano.

Esto no es más que el Síndrome Burnout, o sea, estar quemado. Más o menos es sentirse como una lancha amarrada con el motor a tope.

Esto ocurre incluso en la edad juvenil, y son muchos los jugadores que crecen creyendo que es normal y no lo tratan. Acaban compitiendo contra sí mismos de manera destructiva.

La competencia constructiva

La competitividad constructiva colectiva

Esta es la competencia que hace que los equipos se superen y progresen a pesar de las dificultades. Si el cuerpo técnico consigue que todos los jugadores interpreten la misma melodía, tendrán un equipo motivado. ¿Cómo se consigue?

Cómo conseguir un equipo motivado

  1. Hacerles entender que cuando ganan el éxito es de todos.

    Esto no son palabras vacías, es la realidad. Durante una temporada hay muchos partidos, por eso todos los jugadores son válidos. Son tan importantes los que juegan como los que no, y eso tiene que quedar claro desde la pretemporada. Quién sabe si el que menos juega al principio acaba siendo decisivo al final.

  2. Respetar a los suplentes

    Hay entrenadores que dejan claro que para ellos no hay ni titulares ni suplentes. Eso está bien en la teoría, pero se debe demostrar en la práctica, ¿y cómo? Tratando con respeto a los que juegan menos. He tenido entrenadores que te trataban mejor o peor en función de que si ibas a jugar o no.
    Como suplente -poco habitual porque cuando no he jugado nada ni siquiera he sido suplente- he aprendido que cuanto mejor entrene yo, mejor para el equipo y para mí. Por eso me cuidé de ser egoísta y, por mi bien, traté que los que menos jugaban se sintieran apreciados y motivados. No sé si siempre funcionó, pero creo que al menos les hice sentir como me gusta ser tratado.

  3. Exigir a cada jugador de manera individual

    Creo que en un equipo de fútbol, o cualquier grupo de trabajo, no deben haber privilegios para nadie. Pero también opino que no se puede tratar a todos los jugadores igual. Ni siquiera los padres debemos tratar a los hijos igual, porque cada uno tiene su personalidad y debemos adaptarnos. Un mismo mensaje puede calar de diferente manera en cada jugador. Hay mensajes colectivos que evidentemente se tienen que dar al grupo, pero hay otro tipo de mensajes que es mejor darlos individualmente con las palabras adecuadas a cada jugador.
    Cada jugador es un mundo, por eso hay que investigar y saber cómo tratarlos para sacar el mayor rendimiento de ellos. Pero ante todo no hay que humillar a ningún jugador.
    Es difícil fiarse de un entrenador o un jefe que humilla a sus empleados en público o en privado.
    Se puede ser exigente sin necesidad de humillar, pero no todo el mundo tiene el talento para ello.

La competitividad constructiva individual

Antes he dicho que buscar la perfección es destructivo. Ahora me contradigo y digo que buscar la perfección es a lo que debe aspirar cualquier persona en su vida. Cada paso hacia la perfección es un avance. El camino hacia la perfección no está exento de derrotas, fracasos, decepciones. Pero si se está atento, uno mismo se irá dando cuenta que todas esas adversidades no son más que lecciones que nos da la vida. ¿Qué puede hacer un futbolista para ganar competitividad constructiva?

  1. Lo primero es aceptar que no jugar es una posibilidad. Pero no conformarse jamás. La única opción que conozco de ser inconformista no es quejarse, sino entrenar con la máxima intensidad, haciendo que al entrenador se le caiga la cara de vergüenza por no ponerte. Un día puedes jugar 20 minutos, juégalos al máximo nivel. Aunque parezca poco tiempo, no deja de ser una oportunidad. Hay que tener en cuenta que otros compañeros se han quedado en la grada. Eso no significa que tú seas mejor que ellos, al igual que cuando estás en el banquillo no quiere decir que no puedas hacerlo igual o mejor que los que están jugando. Dentro de un mismo equipo no hay tanta diferencia entre un jugador y otro, la diferencia suele ser el estado de ánimo. Eso se puede trabajar. Si crees que tu estado de ánimo podría ser mejor, no dudes en acudir a un profesional.
  2. Alimentarse bien es fundamental para el estado de ánimo y el físico. Cuándo somos jóvenes no préstamos tanta atención a eso porque nuestro metabolismo se encarga de regular los excesos. Pero a medida que nos vamos haciendo mayores los excesos van dejando rastro en nuestro organismo. Y este es un consejo para deportistas y para cualquier persona, todos nos merecemos una buena alimentación. De hecho el aparato digestivo está considerado como el segundo cerebro. En lugar de echarle basura ponle las cosas fáciles y dale los mejores alimentos posibles.
  3. Repite, repite, repite. La experiencia no es cuánto tiempo llevas haciendo o realizando una actividad, sino el número de veces que la has practicado. El fútbol no es diferente, solo hay que ver a los lanzadores de faltas, normalmente ensayan una y otra vez. Y si miramos la relación que hay entre las veces que han ensayado las faltas y los goles que meten, para cualquier persona ajena al fútbol, estas estadísticas pueden ser desalentadoras. Un jugador que mete cinco goles de falta al año (números muy altos), puede que haya lanzado cerca de 1000 durante toda la temporada entre entrenamientos y partidos. Estamos hablando del 0’5% de acierto. Una cifra en apariencia irrisoria. Pero estamos hablando de los números de Messi. Con esto quiero decir que para mejorar solo hay que repetir hasta la saciedad, o sea entrenar. Por muy mal que lo hagas mejorarás.
Incluso el mejor mundo tiene que practicar
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