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Carta abierta a Diakhaby

abril 11, 2021

Querido Diakhaby,

Te escribo porque en estos momentos debes estar bastante tocado. No sé por qué, pero tengo la sensación de que la temporada que viene no quieres seguir en España. Te entiendo perfectamente. No tienes unas raíces que te aten a este maravilloso país, y después de lo sucedido con Juan Cala -si yo fuese tú- buscaría salida a Inglaterra. Allí ser negro es otra historia, ni mejor ni peor, es diferente.

Una de las aspectos que más me gustaron de mi paso por el Southampton FC es que ser negro no me convertía en un personaje común. No era «un negro». Encontraba negros trabajando en bancos, grandes comercios, policía, aeropuertos, etc. En el año 2001 era imposible vernos reflejados en ese tipo de empleos en España. Fíjate que no son trabajos elitistas, pero era la España en la que crecí. Actualmente estamos rompiendo techos de cristal y ganándonos la vida en profesiones en las que no hemos tenido referentes (policías, profesores, enfermeras, dependientas, etc).

Respecto al fútbol, a principios de siglo XXI fue bastante crudo. Se permitían los insultos racistas como metodo de desetabilización. Cuando digo que se permitía me refiero a que tus compañeros lo escuchaban y lo máximo que te decían era “tranquilo, no le hagas caso”. No se daban cuenta de que esas palabras me hacían sentir solo en esas situaciones.

Aprendí a hacer la guerra por mi cuenta, y como me dijo mi madre cuando era niño “si un blanco te llama negro de mierda, dile cerdo pelado”. Eso hice, pero cambié “cerdo pelado” por “blancopollas”. Podía recibir patadas, empujones, insultos, pero solo les decía “blancopollas” después de recibir un insulto racista. Nunca lo hice con intenciones racistas, simplemente era una manera de demostrar que yo también podía insultar aludiendo al color de piel. Nunca bajar la cabeza. Más Malcolm X que Luther King.

Te explico esto porque creo que se debe acabar eso de abandonar el campo por un insulto racista. Solo veo justificada la impotencia en determindas situaciones: si este insulto o comentario viene de tu jefe, de un policía o un árbitro. Personas que tienen una supuesta autoridad, y aun así, creo que me costaría bajar la mirada. Ahora que lo recuerdo, me han llegado a sacar una tarjeta amarilla por mirar fijamente al árbitro. Si ese árbitro hubiese entendido mi mirada, me habría sacado roja.

No sé si Juan Cala te llamó “negro de mierda”. No pongo en duda tu palabra. Pongo en duda todo lo acontecido. Para empezar no me cuadra que alguien diga “Mierda” “Déjame en paz” “No te enfades, por favor”. No tiene sentido. Pero no puedo aportar mucho respecto al asunto. Si La Liga ha investigado el suceso utilizando un video extraído de Twitter con una calidad pésima, yo no puedo hacer más.

Lo único que puedo hacer es dirigirme a ti para empoderarte.

Ewerton

Hace unos años Samuel Eto’o (ex FC Barcelona) quiso abandonar el campo por recibir insultos racistas en un enfrentamiento contra el Zaragoza en la Romareda. Varios jugadores y el árbitro le convencieron para que continue. La importancia del gesto de Samuel Eto’o fue muy importante para los negros. No porque nos estuviera enseñando a huir, sino porque nos estaba enseñando que tenemos el derecho a decir basta. Pero hay una diferencia con tu caso: Samuel se estaba enfrentando al público de manera inteligente. Muchos lo tacharon e exagerado, de loco.

Prefiero dar miedo que dar pena.

El Chojin

Enfrentarse a cada uno de los aficionados que le estaban haciendo el sonido del mono habría sido como jugar un partido de tenis contra decenas de personas al mismo simultáneamente. Misión imposible.

Fue una jugada maestra, que Etoo no meditó, más bien se dejó llevar por su sangre caliente. Lo importante fue el impacto.

Algo que me llamó la atención fue que, hasta muchos años después no se supo que Ewerton -jugador negro del Zaragoza- le dijo a Etoo que si abandonaba el campo él le acompañaba. Eso es negritud.

Esto te lo explico para que sepas dónde estás. Los medios, por mucho que denuncien, no van a llegar al final del asunto porque de alguna manera se sienten señalados. Para muestra me basta la frase de Juan Cala en su rueda de prensa dos días después del incidente: “En el fútbol español no hay racismo”. Un futbolista blanco no tiene la potestad de afirmar eso. Mucho menos en un deporte en el cual no se conocen futbolista homosexuales. Esto es como decir que en España no hay racismo. En España hay racismo como en cualquier parte del mundo, pero eso no convierte a los españoles en la Sudáfrica del Apartheid, pero sí que es cierto que hay aspectos mejorables (como en todos lados).

Si no eres blanco la tele no es para ti

Cuando enciendes la tele y ves que todo el mundo es blanco algo falla. No ves reflejada la diversidad de la sociedad española. Los no blancos no tenemos espacio ni en la ficción del cine. Es muy difícil que un hombre negro tenga un papel de abogado o una negra de profesora. Los típicos son de inmigrantes ilegales, prostitutas, esclavos o drogadictos.

En la publicidad más o menos es lo mismo. Sólo los anuncios producidos por agencias extranjeras incluyen a personas negras (o diferente raza). Aunque poco a poco se nos está representando en estos medios, estamos muy lejos de países como Inglaterra, Francia o Alemania. En España una marca no puede «arriesgarse» a grabar un spot publicitario protagonizado por una familia negra porque podría percibirse como un anuncio para negros, cuando en realidad sería un anuncio familiar.

Así debes actuar en caso de insultos racistas

El asunto no es analizar el estado del racismo España (que no está de más), sino cómo afrontar un situación como la que viviste contra el Cádiz. Recalco que no sé qué se dijo ni qué ocurrió. Incluso puede que hayas entendido otra cosa. No es descartable, pero planteo una situación similar y una solución:

Durante un partido un jugador rival te dice “negro de mierda, apestas”. ¿Qué deberías hacer? Fácil. Contestarle con calma y decirle: “no soy un negro de mierda, soy el negro de mierda que te va a reventar como no te calles”. Punto. Si vuelve a hablar te llevas el dedo a la boca “sshhhh! Te he dicho que te calles”. Si eso no funciona, siempre que no tengas tarjeta, cuando puedas le dejas «un recado». Independientemente del resultado, al final del partido te acercas y le pides en un tono respetuoso -pero firme- que te repita lo que te estaba diciendo. Probablemente te diga que “no pasa nada, tío. Es que estaba nervioso.” Es entonces cuando tú le dirás que te da igual lo nervioso que estaba, que “yo también me pongo nervioso, pero no me dedico a soltar racistadas para calmarme”. No le dejes marchar sin que te aclare su comportamiento. Si se monta un tumulto actúa con calma. Que te pregunten qué ha pasado. Explícalo a quien te lo pregunte. Dicen que lo que ocurre en el campo queda en el campo. Pues no, hay cosas que ocurren en el campo que si no las sacas quedan dentro de ti pudiendo llegar a marcarte de por vida. O peor, quedan en la cultura futbolística.

Callar puede ser más doloroso que cuatro partidos de sanción por defender tu honor.

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