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5 lecciones que aprende todo adolescente en el fútbol base profesional

julio 4, 2019

Tras una conversación con un amigo he llegado a la conclusión de que puedo estar dando el mensaje erróneo acerca de lo que significa ser futbolista adolescente.

Mi amigo me decía que ser futbolista adolescente significa renunciar a tener una adolescencia normal, como si eso fuese perderse mucho. O como si un futbolista no tuviese una adolescencia normal (¿Qué es una adolescencia normal?)

Lo único que puedes perderte cuando perteneces al fútbol base profesional es tener menos tentaciones de probar drogas duras y blandas en caso de querer progresar… Además de bajar el rendimiento escolar (esto se puede mejorar).

Hoy voy a nombrar algunos de los aspectos más positivos de ser futbolista adolescente.

1 trabajo en equipo

El ser humano necesita relacionarse con otros semejantes, pero más necesita tener objetivos en común. Un equipo de fútbol cumple con todo eso.

Aunque muchas veces decimos que los futbolistas somos egoístas, pero estamos más acostumbrados a trabajar en equipo que cualquier otro estudiante adolescente.

2 Resiliencia

Al futbolista se le protege en muchos aspectos, pero sin duda, es un deporte en el que se está expuesto continuamente.

Solo hay que ver a los alevines que juegan en la tele. Más exposición que esa no hay ninguna. Imagino que los padres deben firmar un documento en el que permiten que la imagen de sus hijos sea utilizada. Al menos en los colegios se hace así… Para subir las fotos al blog de la escuela.

El hecho de estar expuestos puede hacer más vulnerables a los jugadores, pero a su vez les hace más fuertes de cara al público.

Es imposible ser futbolista sin acostumbrarse a caer y levantarse.

¿Y por qué resiliencia? Porque ser futbolista es caer y equivocarse continuamente. Aprendes a convivir con los microfracasos.

Un microfracaso en fútbol es fallar un pase, no meter un gol, perder un partido, jugar mal, etc. Pero gracias a ellos mejoras como jugador y como persona.

Es imposible ser futbolista sin acostumbrarse a caer y levantarse. Me hace gracia cuando se pone a un jugador por las nubes tras haber superado una lesión; para los deportistas luchar por estar bien es lo normal. Ningún mérito. Un deber. Lo mejor es que esto se aprende de niño.

3 Compromiso

La práctica del fútbol no es una actividad obligatoria. No es como el colegio; puedes dejar de jugar a fútbol cuando quieras, otros vendrán y ocuparán tu puesto.

Dejas de hacer cosas que hacen otros jóvenes, pero nada envidiable. No sabría decir qué hace un adolescente que no juega a fútbol respecto a uno que sí.

Jugar a fútbol es una decisión y un compromiso -con uno mismo y con unos compañeros- durante una temporada tras otra.

Sin embargo, a pesar de estar comprometido, te pueden decir que no cuentan contigo al año siguiente. Eso no te convierte en un fracasado.

Aunque parezca mentira siempre hay algún club en el que puedes encajar durante una temporada. Renuevas el compromiso con otro grupo, te olvidas del anterior, porque en realidad el Compromiso es contigo mismo.

Conviene no olvidarlo para el resto de tus días, porque este compromiso te valdrá para cualquier situación.

4 Disciplina

En realidad la disciplina y el compromiso son primos hermanos, pero creo que merece la pena destacar esta cualidad por separado.

¿Cuántas veces te has levantado deseando no tener que ir a trabajar? Pues lo mismo ocurre con los entrenamientos. La diferencia es que un adolescente no se juega el pan si no va a entrenar, se juega algo más importante: jugar el partido y no fallar a los compañeros.

Cuando dejé de jugar a fútbol como modo de vida, recalé en el Levante las Planas de Sant Joan Despí en segunda regional.

Entrenábamos únicamente dos días a la semana, más el partido. Los dos primeros años fue todo perfecto. Pero el tercer año ya no me veía con el compromiso para ir a entrenar los dos días.

Me ofrecieron ir solo un día, pero no lo veía justo con mis compañeros, así que dejé de jugar. Ni tenía el compromiso ni la disciplina para asistir a cada entrenamiento. Cuando pierdes eso, lo mejor es dejarlo.

Cuando eres futbolista no hay mayor premio que jugar el domingo; y aunque para cualquier otro eso signifique perder un sábado noche, para el futbolista no.

Las satisfacciones que me llevé los domingos por la mañana superaron con creces al mejor sábado noche de mi vida. Con eso lo digo todo. Clic para tuitear

5 Competir

Cuando se habla de fútbol siempre se dice que se aprende a competir. Normalmente se refieren a darlo todo, a superarnos ante las adversidades. Pero yo voy a hablar de competir desde otro punto de vista.

Para mí aprender a competir es aprender a aceptar que no siempre se gana. Con esto no digo que lo importante es participar, para mí lo importante es ponerle las cosas difíciles a quienes te quieren superar. Competir es agotar todas las posibilidades hasta el último suspiro -en la vida y en el fútbol-.