3 libros para entender a un deportista profesional fuera de los focos

No es fácil saber qué sienten los deportistas profesionales cuando no están en el terreno de juego (o encima de la bici en uno de los casos que hoy trato). Los siguientes libros los he leído hace meses pero las sensaciones que me dejaron permanecen igual de intensas.

Los tres libros son muy diferentes entre sí en cuanto a formato y narración, pero todos tienen algo en común: la dificultad de perseguir el éxito y lo que se deja detrás por conseguirlo.

Saber perder (David Trueba)

Mi opinión acerca de David Trueba es un tanto imparcial, ya que me ganó cuando con 18 años leí “Los Cuatro Amigos”. Recuerdo que mientras mi familia estaba viendo la televisión, yo reía a carcajadas sin poder remediarlo. Por eso me cuesta poco leer sus libro y, sobre todo, escuchar sus entrevistas. Me encanta la forma con la que se expresa; es rotundo pero sin dejar el humor de lado en ningún momento.

Respecto a Saber Perder solo puedo decir que entrelaza de manera magistral la vida de personajes variopintos. Uno de estos personajes es Ariel, un joven futbolista argentino que ha fichado por uno de los clubes de la capital. Los sentimientos de Ariel relatan a la perfección la vida de un futbolista profesional desarraigado de su entorno pero forrado. No es el único personaje interesante en la novela, de echo, ni siquiera es el protagonista ya que es una novela coral. Te guste o no el fútbol, este libro va más allá, va de la vida sin fuegos artificiales.

Sylvia cumple dieciséis años el día en que comienza esta novela. Para celebrarlo organiza una falsa fiesta que sólo tiene un invitado. Horas después sufrirá un accidente que significará su entrada en la vida adulta. Su padre, Lorenzo, es un hombre separado que trata de tapar los agujeros que el fracaso laboral han causado en su rutina. Ariel Burano es un joven jugador de fútbol que deja Buenos Aires para fichar por un equipo español. La caja de los triunfos no parece difícil de abrir para su superdotada pierna izquierda y será cuestión de tiempo que el estadio coree su nombre. El anciano Leandro, en cambio, es precisamente tiempo lo que no tiene. Estos son los cuatro personajes principales de Saber perder. Con las relaciones entre ellos se trenza un apasionante relato de supervivientes. Una mirada inteligente, llena de humor y emoción, pero que reivindica, por encima de todo, la maravillosa aventura de vivir. «Es una novela compleja y excelente, además de bien escrita… Un espléndido regalo» (Ricardo Senabre). El mejor libro del año según El Cultural de El Mundo. Premio de la Crítica 2009.

Una vida demasiado corta (Ronald Reng)

Este ha sido el libro de fútbol que más me ha impactado nunca. La tragedia de Robert Enke, exportero de la selección alemana, debería ser de obligada lectura para todos los futbolistas del mundo. Para quien no lo sepa, Enke se suicidó en el año 2009 cuando estaba a las puertas de ir al Mundial de Sudáfrica.

Este libro trata acerca de la depresión a través d ela vida de Robert Enke. Lo escribe uno de sus mejores amigos, el periodista Ronald Reng. Lo hace de manera magistral, consiguiendo que el lector experimente la depresión de manera didáctica. Libros como este son una gran arma para combatir los síntomas de la depresión y, además, nos ayudarán a comprender que quien la padece no necesita ser juzgado, sino apoyado. El papel fundamental de Terry, la mujer de Enke, es sencillamente admirable. No es una lectura agradable , pero sí cómoda y adictiva.

 

El Gregario (Charly Wegelius)

Este es uno de los libros que más he subrayado por la cantidad de verdades que cuenta acerca de la soledad del deportista de élite. Escrito por el mismo protagonista nos relata cómo se convirtió en ciclista profesional y cómo se adaptó a su rol de gregario. El afán de superación es una constante en el relato. Destacaré algunas frases:

Había invertido tanto en mi carrera que el hecho de pensar que no iba a lograr un contrato casi me provocaba secuelas físicas. Clic para tuitear No hay nada como el alcohol para unir a un grupo de hombres. Clic para tuitear Sin la distracción de la carreras no me quedaba nada más que afrontar mi vida personal. Clic para tuitear Los deportistas se ven obligados a una gran presión para exhibir sus hazañas como algo patriótico, como una especie de servicio público. Clic para tuitear

Esto es lo que se dijo cuando por primera vez, con 26 años, iba a vivir solo:

“¿Por qué invertir en una casa cuando no tenía a nadie con quién compartirla, salvo algún que otro ciclista y, de vez en cuando, mi madre? Fui a varias tiendas de muebles de diseño arrastrando una sombra de pesimismo: ¿quién iba a sentarse en esas sillas, en el sofá o en los taburetes de la cocina? De joven nunca me había hecho esas preguntas.”

 

Mi libro tiene un poco de todos estos.