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España o Marruecos: el dilema que yo viví y que ahora tienen Rachad y Thiago

    Entre banderas y himnos se esconden dilemas que ningún adolescente debería cargar tan pronto.

    Tenía quince años cuando me llamaron de la selección española sub-15. Jugaba en las categorías inferiores del Espanyol y, de repente, ya no era solo un chaval de barrio: me convertí en internacional. Desde los quince hasta los diecinueve fui España. Me sentía uno más, a pesar de haber nacido en Guinea Ecuatorial. Llevaba en Barcelona desde los once meses, y en el día a día era tan español como cualquiera de mis compañeros.

    Con España me sentí un profesional absoluto; con Guinea, un amateur absoluto

    Con España descubrí lo que significaba ser profesional antes incluso de ser adulto. Todo estaba organizado: hoteles, viajes, material, comidas. No tenías que preocuparte por nada. El Europeo sub-18 de Finlandia, en 2001, fue la confirmación de que esa maquinaria funcionaba a la perfección.

    Pero al fichar por el Southampton dejaron de llamarme. Ni sub-20 ni sub-21. España me olvidó. Y entonces, años después, llegó otra llamada: la de Guinea Ecuatorial. Yo tenía 24 años y jugaba en el Alavés. El entrenador no quería dejarme ir, y fue el presidente, Dimitri Peterman, quien me dio permiso.Y ahí me encontré con otra realidad. Con Guinea me sentí amateur absoluto. No sabías si habría cena para todos, qué hotel te tocaría, o si los entrenamientos se harían en condiciones. Era profesionalismo de nombre, pero supervivencia en la práctica.

    En África descubrí lo que era ser invisible: por primera vez todos eran negros como yo

    Aun así, allí me sentí uno más. Estar en África y ser invisible fue algo nuevo. Invisible porque, por primera vez en mi vida, no era la nota discordante: todos eran negros como yo. Me sorprendió —y hasta me molestó— ver cómo los compañeros mestizos recibían más atención que yo. Pero entendí que mi misión no era brillar, sino dejar una piedra para que se construyera algo más grande. No fue mi mejor momento como futbolista, pero sí un momento del que hoy me siento orgulloso: puse una de las primeras piedras para que la selección se profesionalizara.

    A mí la elección no me costó: cuando me llamó España, Guinea no existía; cuando me llamó Guinea, España ya no me recordaba. Pero los chavales de hoy no tienen esa “suerte”.Rachad y Thiago (Real Madrid Castilla), por ejemplo, tienen que decidir a los 17 años si son España o Marruecos. Lo mismo que vivieron Munir, Ansu Fati, Lamine Yamal… ¿Qué bandera besas cuando tu corazón late en dos sitios distintos? ¿Qué camiseta eliges cuando la sociedad aún te ve como un adolescente pero el fútbol ya te trata como un adulto?

    Desde fuera parece un debate sencillo: “elige al grande, el que te da más títulos”. Pero la realidad es otra. Con 17 años la identidad que tienes es la de futbolista, nada más. Y es después, cuando maduras, cuando entiendes cómo te percibe la sociedad. Y cuando eres un chico de piel oscura en España, descubres que ser español no es tan natural como debería serlo en 2025.

    El verdadero dilema no es qué bandera besas, sino quién te reconoce como uno de los suyos

    Hoy ese dilema tiene nombres y apellidos: Rachad Fettal y Thiago Pitarch.

    Los dos aparecen en las listas preliminares tanto de España como de Marruecos para los próximos compromisos internacionales y, además, para el Mundial Sub-20 que se disputará en Chile del 27 de septiembre al 19 de octubre. El azar ha querido que el primer partido del torneo enfrente precisamente a España contra Marruecos, el 28 de septiembre.

    En la Federación española confían en convencerlos para que sigan el camino de Lamine Yamal y se decanten por La Roja, aunque desde Marruecos aprietan fuerte, sobre todo en el caso de Rachad. Nacido hace dos décadas en Torre-Pacheco (Murcia), es hijo de padres marroquíes y ya sabe lo que es vestir las dos camisetas en categorías inferiores. Thiago, por su parte, nació en Fuenlabrada hace 18 años y la opción marroquí le llega por vía familiar, a través de su abuelo.

    Parecen historias paralelas, pero no lo son del todo. Rachad ya ha alternado convocatorias con ambas selecciones, mientras que Thiago solo ha pasado por la Sub-18 española. Lo que sí comparten es presente: titulares habituales en el Castilla de Arbeloa, uno como delantero y el otro como mediocentro, y un futuro que apunta alto. Lo único que les falta decidir es a qué bandera lo van a vincular.

    Porque este dilema casi nunca lo viven jugadores como Huijsen, el central del Real Madrid, o tantos otros futbolistas blancos con doble nacionalidad. Para ellos la decisión se reduce a un país u otro, pero siempre dentro de un contexto donde su raza es la mayoría. En cambio, para nosotros, los que crecimos siendo “el diferente”, la elección no va solo de banderas: va de identidad, de pertenencia y de cómo te reconoce —o no— la sociedad en la que vives.

    Ese es el verdadero dilema. No es solo una cuestión de fútbol, es una cuestión de quién eres cuando las luces se apagan y nadie te ve como futbolista.

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