Lo peor del fútbol para un futbolista

En el fútbol hay pequeñas catástrofes que se toman con normalidad. Lo vemos tantas veces que no nos paramos a pensar en lo que siente el futbolista al sufrirlas.

Es fácil ponerse en la piel del futbolista cuando sufre una lesión grave, cuando se queda sin equipo, incluso cuando falla una ocasión clarísima de gol. Pero esta vez voy a destacar tres acciones comunes que son un pequeño drama personal.

  1. Recibir un caño.
  2. Marcar en propia puerta.
  3. Una expulsión tonta.

Recibir un caño

A todos nos gusta ver como jugador pasa la pelota entre las dos piernas del rival. Un caño es un hilo directo que nos conecta con nuestra infancia. Es un homenaje al desparpajo. Una pausa en un mundo tan profesionalizado que lo practico hace que la belleza quede en un segundo plano.

Un caño es un hilo directo que nos conecta con nuestra infancia. Clic para tuitear

Dentro de toda la belleza que conlleva un caño hay una parte oscura: el frío que siente el jugador que lo recibe.

Cuando recibes un caño sientes una especie de escalofrío, como si un fantasma hubiese pasado entre tus piernas.

Ocurre en décimas de segundo. En ese mismo instante tu mirada se nubla como tratando de hacerte invisible. Actúas exactamente igual como cuando te caes y te levantas tratando de simular que no ha pasado nada.

Te quedas paralizado, puede que sea menos de un segundo, pero parece una eternidad. Matrix. Al reiniciar la carrera tus piernas están más juntas de lo habitual, las rodillas se tocan. Es un acto reflejo.

Desde ese mismo instante sabes que en algún momento de la semana tus compañeros te van a decir que te abroches la sotana.

Marcar un gol en propia puerta

Si he temido a algo más que a las propias lesiones cuando era futbolista es a marcar un gol en mi propia portería.

Solo de imaginarlo temblaba de miedo. Creo que hay que tener muy mala suerte para ello, si ya es difícil marcar en la portería contraria, en la tuya es como que te toque la lotería.

Solo ver las caras de los jugadores al marcar en su propia portería me da una idea del calvario que supone fastidiar a tu portero.

Lo más dramático es ser reincidente. Para un portero debe ser duro tener a un goleador en potencia defendiendo su área. Pero peor es marcárselo él mismo.

La sensación de ridículo debe ser extrema. Las mofas en el vestuario no se van a hacer de esperar si el equipo consigue un resultado positivo. Si no es así, todos se solidarizan con “el goleador”.

Ser expulsado por una chorrada

Nunca me he sentido más estupido que cuando he sido expulsado por una acción evitable. La típica jugada en la que tienes una tarjeta amarilla y haces una entrada fuera de lugar. Una entrada en la que no no dañas al rival pero es suficiente para que te muestren la segunda amarilla.

La expulsión más dura de mi vida

Después del vídeo anterior no hay mucho más que añadir.

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