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Es hora de “desmontar” el torneo de Brunete

abril 4, 2021

El torneo de Brunete lleva casi 30 años siendo el referente del futbol alevín e infantil. Jose Ramón De La Morena es el artífice. En este campeonato compiten los niños de 12 y 13 años de las principales canteras profesionales del fútbol nacional e internacional. Supuestamente de allí salen los cracks del futuro, pero es una creencia impuesta desde que pasó por allí un tal Andrés Iniesta. Desde entonces el manchego es el principal reclamo publicitario. Hay que recordar que el bueno de Andrés ya peina las cuatro canas que le quedan.

En caso treinta años se cuentan con los dedos de las manos los MVP que han tenido una carrera notable en la élite. Cuando digo una carrera notable me refiero a varios años en primera división. En la revista Panenka han hecho un listado de los jugadores galardonados con el MVP y en unas líneas hacen un resumen de sus carreras. La mayoría de los grandes destacados desarrollan sus carreras en la segunda b y la tercera división.

La segunda b y la tercera es el foso común donde mueren los sueños de jugadores que llevan toda la vida tratando de ser uno de los espermatozoides que se cuelan en el fértil fútbol profesional.

Aunque no se valore como se debe, llegar a segunda división es muy meritorio. Cuando escucho a algunos aficionados me da la sensación que creen que cualquiera puede jugar en la categoría de plata.

En Movistar han dedicado un programa de “Los otros” a los niños de Brunete que no llegaron a triunfar (como esperaban los “expertos”). La verdad es que el programa es bastante bueno, pero me he dado cuenta de la tendencia dramática que le dan a cada caso. Recuerdo cuando dedicaron un programa a los futbolistas arruinados. Lo curioso es que sacaron a un par de jugadores que estaban trabajando en otros ámbitos fuera del fútbol como cualquier hijo de vecino. Vamos, lo que hacen todos los futbolistas cuando se retiran.

Parece que el hecho de haber sido futbolista profesional te convierte en un virtuoso de la vida.

Para poneros en contexto os tengo que decir que me nombraron el mejor infantil del mundo con 14 años en el año 1996. No lo hizo De La Morena, sino Nike en su torneo Nike Premier Cup. Fue uno de los primeros grandes torneos a nivel mundial de este estilo.

Desde el primer minuto supe que no era el mejor del mundo. No era tan ingenuo. Bastaba con saltar al terreno de juego para darme cuenta. No era ni el mejor del equipo. Era plenamente consciente de lo mucho que me quedaba -a mí y cualquiera de mi edad- para llegar a la élite profesional. Sin embargo, los que nos veían jugar hacían predicciones acerca de nuestro futuro. Fingía no darme cuenta, pero es inevitable no escuchar como decían “que iba a ser un crack”, “que llegaría seguro a primera” “juega como un hombre”.

Antes de ganar la Nike Premier Cup y tener contrato con Nike, en una tienda de deportes, el dueño me dijo que iba a llegar a primera división. Yo tenía 13 años.

En ningún momento creí que llegaría a primera únicamente por mi talento. Sabía que dependía de mucho trabajo. En mi caso, debía mejorar un montón de aspectos de mi juego. A medida que cumplía años me fui dando cuenta de la importancia de los representantes y de lo importante que era tener un entrenador que confiara en mí. La suerte influye más de lo que uno desearía. Pero la mala y la buena.

Los premios recibidos de niño no valen para mucho.

El relato del torneo de Brunete se centra en hacernos creer que ese torneo es la puerta de entrada al fútbol profesional, cuando en realidad es un torneo más, con la particularidad de que se emite por televisión y que tiene una gran seguimiento por parte de los medios. Alguien puede creer que esto es un impulso para la carrera de los niños, pero es todo lo contrario. Los niños son parte del show. Actores de usar y tirar.

Cuando se acaba el torneo los focos apuntan a los de la siguiente añada. La novedad por encima de todo. “Los cracks del futuro”. Los aficionados son adictos a la novedad. Hay torneos con una proyección mayor al mundo profesional, por ejemplo el MIC. Al ser un torneo juvenil es más probable que un porcentaje mayor de jugadores, en pocos años, pasen a ser futbolistas de elite, ya que el recorrido desde los juveniles a la primera división es mucho más corto.

Los aficionados son felices con tres cosas: un gol, una victoria y un jugador nuevo.

El asunto estrella del programa “Los otros” es el caso de Jonatan Valle. Jonatan Valle no respondió a las altas expectativas creadas alrededor del alevín más desequilibrante de España, que llegaría a debutar en un amistoso con el primer equipo del Racing a los 14 años. Jugó 74 partidos en Primera División con el cuadro cántabro y militó en Segunda División con Málaga, Castellón, Recreativo y Lugo, además de hacerlo en 2ªB con Ponferradina, Leganés y Burgos. En 2011-12 tuvo un paso efímero por el Rubin Kazan. (Panenka).

En este caso, la única culpa es de los técnicos del Racing que forzaron a un adolescente a acelerar el proceso de maduración con el único objetivo de colgarse una medalla. Me pregunto si alguno de los técnicos que custodiaban a Jonatan Valle habría dejado a un hijo propio enrolarse en tremendo experimento. Ni Justin Bieber salió tan escaldado.

Quien crea que jugar el torneo de Brunete ayuda a jugar en primera división, debería empezar a madurar. Es como decir que un niño que saca buenas en matemáticas será astronauta.

Todavía hay personas buscando las razones por las que Jonatan Valle no llegó a ser Maradona, pero no tienen en cuenta que llegó más lejos que la gran mayoría de los niños que han jugado ese torneo a lo largo de casi 30 años. Aunque Jonatan Valle se sienta desafortunado, debe tener en cuenta que pudo haber sido mucho peor (o mejor) y haber pasado desapercibido por el torneo de Brunete.

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